Alfredo Rubio de Castarlenas

Nuestra razón, por ser nuestra, es limitada. Límites que son fruto de nuestra contingencia. No éramos, podíamos no haber sido y, aunque ahora seamos, de nosotros no fluye el seguir siendo. (Los cristianos que afirman el «alma», reconocen que ésta, si no fuera sostenida por Dios, se aniquilaría).

Es bueno que ejercitemos nuestra razón todo cuanto podamos para la investigación y la creatividad. Pero ella siempre topará con el misterio en las cosas, en los otros y en el fondo de uno mismo. Si ahora hay algo, siempre habrá habido «algo» pues la nada, nada es y nada hace. Pero nunca podremos comprender del todo ese algo y mucho menos explicar por qué existe algo en vez de nada.

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C-C os llamo yo.
C-C dirán los ángeles
cuando lleguéis al Cielo
subidos por los aires.

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Chiu-chiuTodo tiempo está habitado por Dios y nos ha caído en suerte vivir en unos momentos radicalmente apasionantes dentro de la historia del mundo. O amamos el tiempo en el que nos toca vivir o lo perdemos irremediablemente, perdiéndonos también a nosotros mismos. Amar profundamente el mundo en el que uno vive es algo necesario y deseable en toda persona viviente, pues cada época es la única posibilidad que existe para cada uno. Desde el plano objetivo hay certezas de que este momento presente encierra realizaciones y posibilidades de un interés extremo, más ricas que las de otras muchas épocas pasadas. Si bien es verdad que el mundo, el de todos los tiempos, está lleno de las huellas de Dios, el mundo presente ofrece peculiaridades inéditas que no se han dado en tiempos anteriores; exceptuando un particular momento, dado en una época muy lejana, que ahora parece estar produciéndose de nuevo.

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