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Rocío Muñoz MontesÁmbito María Corral

El pasado jueves 17 de noviembre se celebró la 222 Cena Hora Europea para tratar el tema de «La felicidad a pesar de tanta infelicidad», moderada por Josep Lluís Socías, miembro de la junta del Ámbito María Corral.

La  primera aportación fue a cargo de Ramon V. Albareda, psicólogo y director de ESTEL, centro de crecimiento personal, que comenzó con la pregunta «¿qué es la felicidad?». Explicitó que es un estado agradable en todos los aspectos, que se puede relacionar con el placer, pero remarcando la diferencia entre ambas: la felicidad es un estado, una finalidad, mientras que el placer es una experiencia transitoria, es decir, un medio. A continuación, planteó otra pregunta: «¿cuál es el sentido de esta vida?». Para él, es la transformación de la energía humana, las estructuras de la cual son el cuerpo, los sentimientos y la mente.También, mencionó los aspectos importantes para vivir el placer: saborear las cosas, la lentitud y la implicación de todos los sentidos. «Así pues, la felicidad depende más de nosotros mismos que del entorno, ya que es la gratificación inherente a la dedicación llena de aquello que sentimos, hacemos o pensamos». Acabó haciendo referencia al término ‘perfección’ de su libro Nacidos de la tierra, en el cual se explica la perfección como el dar en cada momento del proceso el paso justo y preciso, que corresponde para que la evolución sea constructiva.

Simón Batlle, ingeniero de caminos, canales y puertos, habló desde su experiencia personal. Explicó que él es feliz porque decidió serlo, y el hecho que sea una decisión comporta unas actitudes y unas acciones. Esto no quiere decir que no haya dolor ni sufrimiento, pero «del mismo modo que la ausencia de dolor no implica felicidad, el dolor no implica carencia de felicidad». Para él, es bueno aprender a distanciarse, a tener tiempo y tomarse las cosas más lentamente. Además, explicó dos experiencias que le han ayudado a profundizar más y conocer los límites: por un lado, el cansancio del día a día, que le ha hecho ver que si las cosas tienen sentido se pueden vivir mucho mejor y que hay cosas que no podemos dejar de hacer, por lo tanto es necesario buscar el lado bueno. Por otro lado, ver y vivir los límites de los demás: «entender que las personas tienen límites y no defectos me ayuda a entenderlas, porque los límites siempre estarán. Yo no puedo ser feliz si no estoy en paz conmigo y con los demás, si no pongo paz y perdón, si no reconstruyo la situación inicial». Acabó diciendo que «la felicidad es un camino hacia los otros, es algo que fluye, corre y se da».

Esther Borrego, trabajadora social, empezó su aportación con la canción del cantautor Luís Guitarra, Historia de Lucía, para destacar a las personas que aunque viven en la calle son felices. A continuación hizo referencia a autores como Aristóteles, Epicuro, los estoicos, Francesc Torralba y Viktor Frankl, entre otros, que definen la felicidad como aquello que toda persona busca como motor de su vida. Afirmó que la felicidad es una decisión, es una opción. También, explicó que una persona sin techo tiene cara y nombre, y como cada persona responde a las situaciones que vivimos según las herramientas de las que dispone. Resaltó que «toda persona es vulnerable de estar en la calle y nadie está exento. Tenemos que saber qué es lo que nos hace suficientemente felices para poder soportar toda la infelicidad que tenemos que soportar día a día». Compartió experiencias vividas con personas que saben disfrutar el aquí y el ahora, que no saben si han decidido ser felices, pero saben que hoy están vivos y que quizás mañana no estén. Ser feliz y la felicidad está dentro nuestro y que por eso es tan difícil encontrarla, que nadie está vacío en su interior. Finalmente, lo relacionó con el tema de la soledad, hay personas que se mueren en la calle y nadie sabe si se han muerto o no. Por lo tanto, el primer tema a solucionar es el de la soledad y el de los sueños rotos. «¿Cómo podemos ser felices en la sociedad que tenemos?»

La psicóloga, psicoterapeuta y sociodirectora del Instituto para la Felicidad, Mireia Cabero, aportó una serie de estadísticas sobre los trastornos mentales, los medicamentos y los suicidios. Además, dio la clave para conseguir el bienestar de la población, que es respetar seis dimensiones. Por un lado, la dimensión del bienestar físico y la del bienestar material, que las resolvemos con contribuciones económicas. Por otro lado, la dimensión del bienestar profesional, el de las organizaciones, el social y el bienestar emocional, que está en la base de todos los otros. Estas cuatro no se ven, por lo tanto, no hay auténticas políticas para defenderlas y desarrollarlas. Animó a pedir a las instituciones que nos ofrezcan espacios para que nosotros podamos ser felices. «Tenemos que dejar de ser fieles a los vínculos externos y a las personas externas y ser fieles a “quién soy yo” para tomar las propias decisiones». Finalmente, mencionó los cuatro tipos de vida básicas para ser feliz: una vida con emociones positivas, implicada, con sentido y acompañada de personas que son valiosas para ti.

Fue una cena con un gran número de asistentes que disfrutaron del tema propuesto sobre la felicidad. Esto constata que la persona busca la felicitad, pero hay que ser consciente que todos la llevamos dentro.

Barcelona, diciembre 2016

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Por Mari Carmen Aranda

cuidador6

Hace 25 años que sentí la necesidad de cambiar la que era mi profesión por una en la que pudiera ayudar a las personas. Para eso, me formé como “trabajadora familiar” dedicándome al cuidado de personas mayores dependientes (en diferentes grados) en sus domicilios.

Pensaba en todo lo que yo podría aportar a esos ancianos que necesitaban ayuda, ya fuera para la higiene, vestirse, salir a pasear, hacer la compra y la comida, o simplemente dar compañía y conversación. Lo que no podía ni imaginar era que la experiencia que iba a vivir con cada uno de ellos iba a ser altamente enriquecedora a nivel personal… ¡He aprendido tanto de ellos!

Al principio, hacía varios domicilios en un mismo día (un par de horas con cada uno de ellos) y cada mañana hacía el recorrido por todos. De esa época tengo bonitos recuerdos con cada uno de ellos.

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Leticia Soberón Mainero

2017 02 febrer

Hace ya tiempo que empieza a preocupar la invasividad de los móviles “inteligentes” en la vida cotidiana y presencial de las personas, familias, empresas, grupos. Por supuesto es muy visible en niños y jóvenes. Pero incluso los mayores pasamos la vida mirando esa pantalla pequeña que, como una bola de cristal, puede vehicularnos mensajes de todos los tipos y grados de importancia. Mensajes que deseamos o tememos, que nos alegran o estimulan, y muchísimos que no nos importan en absoluto. Al final del día hemos pasado varias horas mirando esa pequeña pantalla, saltando de un tema a otro y terminamos embotados y agotados. ¡Con frecuencia sin habernos comunicado bien con las personas que tenemos más cerca!

Esto le está sucediendo a los millones de personas que conforman la sociedad actual.

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Grisácea era la tarde

y en el corazón llovían

mil cifras de calendario

de ya pretéritas citas.

 

Era, sí, muy gris la tarde

mientras se desvanecía.

¡Me fue más clara la noche

que esas horas vespertinas

que poblaban de fantasmas

mis interiores marismas!

 

¡Oh tarde sin osamenta

como una semana fría

que no tuviera domingo

ni amaneceres, ni vida.

 

Tarde vacía de pájaros,

cielo de muertas neblinas.

¡Qué larga, larga la tarde

en el tiempo detenida!

 

Solo con mi soledad

sin hacernos compañía.

Las campanas remachaban

silencios cuando tañían.

 

¡Esa tarde... esos meses,

esas lunas... esos días,

en que tú tan sólo eras

alguien en la lejanía!

 

Llégate noche que borras

con sombras de tinta china

los contornos y distancias

y huellas de los estigmas!

 

Hasta el tiempo nos parece

que como un niño dormita.

Noche, mejor no alborees

¿para qué, un mediodía?

 

En la noche todo es uno,

el mundo, a una palpita.

En la noche, sí, yo siento

que me miran tus pupilas.

 

Yo siento en lo oscuro, sí,

muy cerca tu voz amiga.

 

Alfredo Rubio de Castarlenas

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No es bueno, no,
que el ser humano
¡quien quiera que sea, hombre o mujer,
camine solo por el mundo!

Publicado en Poesía

Jordi Cussó Porredón

2018 07 Setembre redVivimos en una sociedad que nos obliga a llevar un ritmo tan frenético que estamos sumergidos en una riada que nos arrastra con fuerza. Vamos llenos de trabajos, de quehaceres, de diligencias, de compromisos. Si de algo se queja la gente de este comienzo de siglo es de falta de tiempo. Pero, por otro lado, tenemos una grave incongruencia, porque con este modo de funcionar, vivimos con la sensación de que perdemos mucho tiempo. Al llegar la noche sentimos que pasamos tan deprisa por la vida, que no vimos ni nos dimos cuenta de nada, que no disfrutamos de casi nada.

Además, nos percatamos de que, unos a otros, nos hacemos perder el tiempo con preguntas inútiles, encuentros vanos, criticando y, por si fuera poco, los medios de comunicación y las redes sociales nos inculcan que si no estamos al tanto de todo lo que pasa iremos perdidos por la vida.  Necesitamos recuperar la serenidad, la paz, para vivir con gozo lo que somos, sentir lo que vivimos, que el tiempo “gastado” nos aporta alegría, felicidad.  Llenar de sentido nuestro tiempo es llenar la vida de contenido.

Publicado en Editorial