En un home nascut a la ribera

que porta molt endins tota la mar.

Des de petit s‘enfila ja a estimar

tot l’estètic amb suau passió sincera.

 

Vivint de ple, fa llarg camí i carrera:

saber dels grecs amb Fe prou conciliar

i ploma ben tallada per pintar

–quan descriu– cada cosa tal com era.

 

Gran mestre historiador de formosura

que és cànon del passat i alhora esclat

de tot allò que del no res ens sura.

 

Arreu veu la bellesa Jaume Aymar!

Com diu el seu cognom, viu extasiat:

ai, núvols, brises! oh, verds-blaus! Ai! ...mar!

 

Alfredo Rubio de Castarlenas

Publicado en Poesía

A Miguel Ángel García Fernández

excelente pintor que hace aflorar
y hace recibir.

En los retratos vas, de vez en vez,
más allá de cualquier ropaje vano
que no hay nada más grande en cuanto humano,
que aun vestido, quedar en desnudez.

El propio retratado se es juez
al no sentir ya nada en el arcano
que el pensamiento se le ve en la mano
y el corazón se le subió a la tez.

En la página blanca de la tela
crea sonoridades tu pincel
y al que pues posa ante ti lo haces canción

del gozo de existir como una estela
que desde el cuadro entrara por su piel.
¡Salvar a los que pintas es tu don!

Alfredo Rubio de Castarlenas

Publicado en Poesía

que siente luz de vocación en su horizonte
en su cumpleaños

Tienes hoy, ya veinte años.
Cuarta parte de la vida.
No es poco. Tampoco mucho.
Es la alborada del día.
¡Muchas horas por delante
te quedan para vivirlas!
Mañanas de sombras nuevas,
aplomados mediodías;
atardeceres que mueren
al suave toque de vísperas.
Muchos otoños e inviernos
–fríos en el alma fría–
primaveras y veranos
de esperanzas redivivas.
¡Cuánto te queda de andar
hacia esa luz que te brilla!
Mas no cejes ni te canses
muchacho, que así es la vida.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Publicado en Poesía

Hoy es tu Santo, Tante bien querida

de todos en la Casa de Santiago.

Por esto, un Soneto yo te hago

ahora que la Luna está encendida.

 

La Fiesta del Dolor ya convertida

en esplendor de Gloria, sin amago

de sufrimientos, hecha toda un lago

que tan sólo refleja Cielo y Vida.

 

De Casablanca ya joyer (?) de Fez

viniste para hablarnos de mil modos

con alma y mano firme a la vez

 

envuelta en luz y suavidad de guante.

¡Bien has sabido aconsejar a todos

al buen albur del corazón, oh Tante!

 

Alfredo Rubio de Castarlenas

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Buen Eulalio Ferrer, leal amigo,
que a nuestro caballero Don Quijote
–triste y cansado al fin de tanto trote–
le diste en tierra azteca, paz y abrigo.

Protegido en tu hogar, no hay enemigo
que pueda ya cercarle con garrote.
Ni nadie colgará un nuevo mote
a su mente fecunda como trigo.

Arrogante y tranquilo, le contemplo
por tus salas. Y en ellas, hechas templo,
has puesto a Don Quijote bajo palio.

Tanto, que recostado en esa ara,
yo barrunto que acaso le gustara
llamarse aquí, para tu honor, Eulalio.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Publicado en Poesía

Hermosa puerta abierta es Bogotá

de Colombia. Llegar a este trozo

de paraíso, es sentir el gozo

de que un ángel está donde uno está.

 

¿Cómo haber puede tanta lucha acá

si el mirar de estas gentes es un pozo

de agua clara? Señor, calma el destrozo:

¡que llora tu Madre de Chiquinquirá!

 

Todo aquel que se acerca a este verdor

siente su alma en nueva primavera

cual la de aquí, que no es tibieza insulsa

 

sino mezcla de cálido y frescor,

de esmeraldas y orquídeas; de galera

entre mares ¡y un pueblo que la impulsa!

 

Alfredo Rubio de Castarlenas

Publicado en Poesía

A Antonio Calimeri, buen amigo,
es gozo, sabes bien, volver a verte.
¡Y en Phelps! (aunque la nieve nos alerte)
en vez de España cuando luzca el trigo.

Siempre seguro fue viajar contigo.
Pero en esta andadura sin moverte
que ahora emprendes camino de la muerte
con tanta vida, aún mejor te sigo.

Que al hallar esa Casa, amplia y sola,
–como encuentra la arena cada ola–
unes bien tu entusiasmo con tu calma.

Y así has logrado la alta maravilla
de conocer a fondo, milla a milla,
el Free way hacia Dios, quieta tu alma.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Publicado en Poesía

Cual mascarón de proa está labrado

por el Sol y el salitre este animal

en el barco roqueño que al umbral

de sus dos puertos quiere estar anclado.

 

La Herradura a estribor y al otro lado

Almuñécar, que líbranle de mal.

En sus laderas, sólo algo de cal:

espumas blancas que se le han colgado.

 

¡Sí! en estos jardines frente al mar

todas las flores que uno sueña, caben.

como aquéllos que quieran sólo amar.

 

Que hay en Los Berengueles, como un aura

de belleza y de luna. ¡Todos saben

que es la estela de luz de Doña Laura!

 

Cordialmente,

Alfredo Rubio de Castarlenas

Publicado en Poesía

¡Pobre noche!
¿qué han hecho
contigo?
Me traes a jirones
tu enagua de alborada.

Pobre noche, que ayer
cuando ya por la tarde atardecía,
te ibas lenta acicalando
con collares de estrellas
y medallón de Luna
bien bruñida y dorada
sobre tu mejor vestido de terciopelo
azul oscuro
sin mota de polvo ni mancha.

Pero luego, la gente sin sentido,
con sus anuncios de neuróticas
bombillas de colores estridentes
que sin cesar se encienden y se apagan,
oscurece la fina luz
de tus brillantes
y tú
¡ya no los palpas!

Los ángeles caídos
motorizados,
ruidosos,
como cuchillos rasgan
tus silencios preñados
de altísimas palabras.

Y gritos de hombres ebrios
en vanos soliloquios
que pisan sin mirar
esos volantes con encajes
hechos con luz de luna en las aceras
que tú, con gracia, arrastras.

¡Oh noche recoleta!
que te usan de mercado vocinglero
vendiendo amores de latón
y grotescas caricaturas de alegría
mientras otros ofrecen
mil alquimias exóticas
que sólo dan
fugaces sueños irredentos.

¡Qué saben los noctámbulos
que van por cuchitriles
del profundo misterio de tus flores
–jazmines, madreselvas–,
del olor de tus pliegues
–menta, hierbabuena, marialuisa
y mejorana–
que exhalan doble cuando oscuro
por tapias y senderos!

Noche ¡amiga de la infancia!
te van pisoteando
la cola de tu traje
de novia errante.
Y hasta tu escote
mancillarían
si pudiera ser su locura
tan alta.

Tengo mi buena amiga
que rescatarte.
De tanto frenesí vacío
tanta frivolidad
con que te manosean
tus tobillos de nardo
por mostradores
de Pubs,
callejas desdentadas
o en espectáculos que hieren
tu dignidad
mayor que sobrehumana.

Noche hermosa para mirarte
de ojos sin fondo, garzos
que sugieren preguntas
de difícil respuesta.

Yo vivo, sí;
pero tú, di quién eres de verdad.
¿Cuál es tu nombre exacto?
¡dónde naciste?
¡qué buscas incansable
día tras día?
¡por qué vuelves a mí
tan puntualmente
cuando al final de cada tarde
suenan a fiesta y a descanso
los relojes de cuarzo puntualísimos!

¿Quieres que te acompañe
por barrancas y soledades
o a pasear
con tu talle enlazado
por la húmeda orilla cadenciosa
del mar?
Allí donde tu camafeo
de Luna
se hace de plata.

Noche ¡vente conmigo!
lejos de la ciudad
¡deja que te rescate!
Te prostituyen,
te venden, te aniquilan,
comercian con tus horas,
manipulan tus sombras tan suaves
para perseguir y asaltar
con abiertas navajas.

Hay gente, ¿sabes?, que se muere
en las esquinas
cuando te duermes arropada
en las sábanas nuevas
que el Sol te extiende tan solícito
por tejas y terrazas.

Sí, noche.
Hoy, aún es pronto.
¡Huyamos lejos!
donde no te maltraten; donde todo sea
silencio perfumado
y luz de tus collares.
Sólo tu voz
–susurro de la brisa–
que se torna caricia cuando roza
la piel.

Nos miramos
muy despacio en un lago.
Luego allí cerca, en la hojarasca,
los dos nos dormiremos
y soñaremos a la vez,
lo mismo
hasta que canten
lejanos gallos
y los perros le ladren
al alba
para darnos el tiempo necesario
para que huyamos otra vez
a refugiarnos
bajo la luz.

Y nos citaremos de nuevo
¡oh noche amiga de mi alma!
para hablarnos a solas
y, si más no, a sentir la delicia
de ir muriendo juntos
a cada madrugada.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Publicado en Poesía

Hay pájaros venidos de muy lejos.
Vienen sin nombre y estrenando canto.
Frescas hierbas se yerguen como acanto
mientras las piedras toman verdes dejos.

Hoy se han roto los vínculos añejos.
¡Domingo en el que todo es nuevo y Santo!
Cosas y gentes son, ya sin quebranto,
de Ti ¡Oh Cristo!, ubérrimos anejos.

Tú, León de Judá te has despertado
a un vivir sin fin, lleno de Gloria
a la que el Padre te ha arrebatado.

Si tu derrota fue nuestra derrota,
tu Victoria será nuestra Victoria
y tu Cielo, ya a mano, nuestra cota.

Alfred Rubio de Castarlenas

Publicado en Poesía