Alfredo Rubio de Castarlenas

Las personas mayores –que ya han alcanzado la jubilación pero que se mantienen aún lúcidas– son conscientes de que han visto casi todo, lo han vivido y acumulado experiencias de toda índole: han amado –y también a veces odiado–; que han practicado el abanico de virtudes –y sus sombras, los vicios–; que han llegado a una cota de su vida de decantada sabiduría. ¡Ahora, gracias a todo ello, es cuando están más aptos para vivir y actuar en este mundo e incluso poder orientar y ayudar a los demás!

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Y yo, me moriré
y las grandes peras de agua
cada septiembre
irán llenado de maravilla
la boca de los niños. 

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