Josep M. Forcada Casanovas

2020 01 GENERredParece habitual dominar a los demás como una forma de poder, incluso se acepta como algo normal. En el deseo se produce un fenómeno que es el de creer que lo deseado ya es una realidad conquistada. Ya de pequeños se observa el afán posesivo de querer lo que tienen los otros, desde un caramelo a una bicicleta; y de mayores se consolida este propósito bajo diferentes formas, que van desde una espontaneidad inocente hasta cometer abusos, incluso criminales.

Es fácil considerar que emocionalmente se pide algo que no es tuyo, pero si se elabora un proceso sofisticado se llega a creer que se tiene derecho a algo que poseen los demás. Se produce la paradoja de confundir un sueño con una realidad. En el fondo, hay un fuerte deseo de sentirse satisfecho ya sea por ambición o por envidia.

El deseo espontáneo, sin el tamiz de la serena reflexión, habitualmente se convierte en una grave locura de consecuencias impensables. Prever y valorar el bien y el mal que puede producir en uno mismo y en la sociedad, requiere grandes dosis de sensatez, o mejor dicho de madurez humana. Podemos pensar en la realidad que lleva a graves consecuencias, como por ejemplo la relación afectivo-sexual, en la que a menudo se produce un deseo de poseer al otro o a la otra, que de manera rápida no posibilita una reflexión sobre el bien que ha de producir el contar con la libertad entre ellos. Muchas personas, sin ser conscientes de sus deseos impulsivos, dominan a otras hasta llegar a desvirtuar la amistad y ahogar la libertad de los demás.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Las personas mayores –que ya han alcanzado la jubilación pero que se mantienen aún lúcidas– son conscientes de que han visto casi todo, lo han vivido y acumulado experiencias de toda índole: han amado –y también a veces odiado–; que han practicado el abanico de virtudes –y sus sombras, los vicios–; que han llegado a una cota de su vida de decantada sabiduría. ¡Ahora, gracias a todo ello, es cuando están más aptos para vivir y actuar en este mundo e incluso poder orientar y ayudar a los demás!

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roza 1388467 960 720Te quiero mucho”, dice el pequeño Ramón a su madre, “pero muchísimo, eh!”, insiste, mientras la madre lo apreta contra su pecho y dándole un beso le responde: “yo también, muchísimo”.

¿Cómo se mide el amor?, ¿qué amamos cuando amamos? No podemos tener ni idea, porque no forma parte de las ideas sino de los sentimientos. Tampoco podemos saber si otra persona ama mucho o poco, si nos ama o no, si ama a otras personas más o menos. Si podemos notar si nosotros amamos, pero con gran sorpresa a veces, poca certeza y sin medir o controlar nada ese afecto.

El amor no se puede obligar, ni imponer, tampoco se puede borrar o esconder, pero puede educarse. Las persona podemos aprender a amar.  Andrés hace algo más de un año terminó una relación con Sonia después de cinco años de estar juntos y haber hecho serios planes de familia. Es muy poco probable que vuelvan a reparar la relación y Andrés está sufriendo, le cuesta mucht. Habla mucho con su madre y dice que no cree poder superarlo.

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Elisabet Juanola Soria

2018 08 Octubre redA pesar de las guerras, los malos hábitos alimenticios, las hambrunas, la desertización, el cáncer, la violencia y las bajas pensiones para sostenernos en la vejez…, el promedio de esperanza de vida ha aumentado en el mundo, aunque en algunos países más notoriamente que en otros. Muchas personas se hacen mayores, bastante mayores, en muy buenas condiciones de vida.

Hace no tantos años, lo común era que una persona realizara toda su trayectoria profesional en la misma empresa, muchos aprendían así un oficio, iban mejorando las condiciones laborales a lo largo de los años y terminaban jubilando en ese lugar con mucha satisfacción de haberse desarrollado y desempeñado junto a otros que los conocían, sabían de sus fortalezas y debilidades y con quienes había compartido “toda una vida”.

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