Alfredo Rubio de Castarlenas

Un gran hombre tenía un hijo. No había escatimado ningún esfuerzo para que se pareciese a él. Este gran hombre, anhelaba tener nietos y deseaba que su hijo se casara con una mujer que conocían, de gran belleza, muy inteligente, sana, con exquisita educación y hasta muy elegante.

¡Qué nietos tan maravillosos podrían tener de este posible matrimonio!

Pero su hijo se dejó enamorar por una «mujer de la vida» y determinó casarse con ella.

Publicado en Artículos

Cuando hablamos de nuestra libertad, estamos aterrizando un concepto teórico, en un marco personal, que responde frente a impactos concretos de la realidad individual. Por eso salir del marco teórico, y aterrizar en la condición humana particular, es un ejercicio de interpelación personal, que deberíamos ejercitar de vez en cuando.

Aterrizar la experiencia de cada uno de nosotros en el ejercicio de la libertad, es cuestionarnos cómo vivimos y experimentamos nuestra realidad, y cómo somos capaces de interrelacionarnos con nuestro entorno. Por lo tanto, en este mapa no existen esquemas flexibles o inflexibles, sino el aprendizaje de lo que somos y cómo somos capaces de expresarnos.

En las distintas definiciones de lo que es el ser humano, aparte de encontrar una gran variedad, podemos detectar que todas ellas tienen algunos elementos en común, como es la capacidad de pensar, amar, reflexionar, crear, interactuar…… todas ellas expresadas en modo verbal. El verbo es el motor dinamizador de toda frase construida. En este actuar, que expresa el verbo, es necesario una decisión previa y consciente, y esto, es lo que nos diferencia del resto de seres vivos.

Cuando hablamos de libertad asumimos nuestra condición humana, nuestro ser limitado y contingente, ya que tiene un inicio y un final. El misterio está en saber cuándo sobrevendrá este final. Sin el ejercicio de asumir nuestra finitud, estamos eliminando una parte esencial de nuestra libertad. No podemos entender nuestra libertad como algo absoluto, seguramente ninguno de los valores de la condición humana puede ser un absoluto, sin límites ni condiciones.

IMG 4164

Nuestra libertad nos da la capacidad de hacer posible realidades personales que son fruto de las decisiones tomadas. Por tanto, también capacidad de hacer y actuar.

Un aspecto relevante en el ejercicio de nuestra libertad, es la conciencia de que somos seres sociales. Vivimos rodeados de otras personas. Nuestro ejercicio de la libertad afecta e implica a otros seres. Con éstos tenemos distintos niveles relacionales y vínculos personales. De hecho la capacidad de relacionarnos con los demás, esta instrumentalizada a través de nuestra capacidad de amar al prójimo. Iremos dibujando el mapa de nuestras relaciones, con el despliegue de nuestra libertad.

Podríamos definirla como la capacidad que tenemos para decidir -asumiendo nuestra condición humana- y relacionándonos con otros. Dicho de otra forma, la capacidad de decidir asumiendo la realidad personal y amando.

La libertad está vinculada con nuestra capacidad de amar, y se desarrolla en tres círculos concéntricos: el primero con uno mismo, el segundo con todas aquellas personas que están cercanas a nosotros, y por el último con el mundo que nos rodea. Deberíamos recuperar una cierta afección de la libertad. Podríamos denominarla libertad ecológica, que debería reconciliarnos con nuestro mundo.

Mi capacidad de construir relaciones, desde la libertad, pasa por encontrar aquello que es común con el otro o con el entorno. En este aspecto, el existir es común a todos, independientemente de población, castas, estructuras sociales o cualquier otro parámetro que utilicemos en la agrupación de las personas. Todos tenemos la misma dignidad en el existir de cada ser. Tomar conciencia de nuestra hermandad existencial, nos hace iguales a todos nuestros coetáneos. Esto ha de llevarnos al ejercicio de nuestra libertad como la búsqueda del bien común.

Ignasi Batlle 
Publicado en la Revista RE

 

Publicado en Artículos

Se dice que algunas personas mayores conservan resentimientos o rencores que bien les hacen sufrir. Este poema, tan hermoso y tan cristiano, es una guía para todos en esta tarea, tan noble y ennoblecedora que Cristo nos encomienda: «amad a los que os persiguen».


Perdonar es firmar
con sangre un cheque en blanco
y dejarlo sin trabas
encima de la mesa
al descansado alcance
de quien, habiéndose arrepentido,
anhele regresar ¡y venga!
a la mansión amiga.

Publicado en Poesía

Alfredo Rubio de Castarlenas

Señor Director:
Estamos viviendo en un mundo en que la convivencia se hace cada vez más difícil. La explicación es fácil: cada pueblo tiene un «Código de Justicia» que hunde sus raíces en el origen de los mismos. Eso hace que en el mundo los sistemas jurídicos sean tan distintos de unas etnias a otras. Están tan diversamente enfocados en cada tipo de cultura. No nos queda más remedio que aceptar este hecho.

Publicado en Artículos

Alfredo Rubio de Castarlenas

Dar cuerda al reloj, durante gran parte de mi existencia, ha sido un acto más de la peripecia vital cotidiana, como desayunar, vestirse, o tocar el timbre al ir a visitar a mis amigos.

Era un acto mecánico casi de mí mismo, el girar la manecilla del reloj de pulsera o, con aquella especie de llave chata de hueco cuadrado, almacenarle tiempo al reloj de pared de sonoras y solemnes campanadas.

Ya había pasado la época de los altos relojes de cajas muy bellas de los bisabuelos, que funcionaban a base de pesas. Estaban por los rincones –elegantes piezas de museo pero ya de herrumbrosa maquinaria– señalando siempre la misma hora, misteriosa por ser ya muy lejano el instante en que dejaron de funcionar.

Publicado en Artículos

Alfredo Rubio de Castarlenas

¡Rehacer la libertad!, este título podría dar pie a que los lectores creyeran que el tema que se trata en este número de RE fuera el de recuperar la libertad de las personas tan sojuzgadas y esclavizadas en tantos Estados y lugares del mundo. Ayudar a que haya más democracias y que funcionen mejor, precisamente en defensa de los derechos –y deberes– de los hombres y mujeres, entre los que está, sin duda, su libertad personal.

Publicado en Artículos

Alfredo Rubio de Castarlenas

Si en un castillo de naipes derrumbamos uno de los lados, casi simultáneamente se derrumba el otro. Europa, desde Yalta, se había convertido en un difícilmente equilibrado castillo de la barajas de naciones. Se contrarrestaban los respectivos frentes fríos o algo cálidos; se oponía la Otan al Pacto de Varsovia, el Comecon al Mercado Común. Manteniendo un pulso, se sostenían mutuamente. No sólo los países del Este.

Publicado en Artículos

Cierro la puerta.
Me quedo solo.
Me envuelvo de silencio.
Cierro los ojos.
Y me tumbo en la alfombra
y a poco...

Publicado en Poesía

Alfredo Rubio de Castarlenas

Hace un par de Coloquios hablamos sobre el dolor. Ciertamente el dolor es un tema presente y permanente en el devenir del hombre. En aquellos Coloquios se intentaba dar alguna luz desde «la evidencia del mal».

Más tarde, en los coloquios de 1994 sobre la Fe y la Razón, se abordó de nuevo el tema porque nos habíamos dado cuenta de que, con todo lo dicho sobre el dolor hasta entonces, quedaba aún su problemática muy alicorta.

Publicado en Artículos

Director Espiritual del Colegio Mayor de Santiago para vocaciones tardías. 3 de diciembre de 1948, festividad de San Francisco Javier. (Este soneto acompañó el obsequio de su carabela).


Alvarez de Toledo: Almirante
de una escuadra de treinta y tres navíos
que vienen al combate algo tardíos
pero de lucha el ánimo anhelante.

Publicado en Sonetos