Alfredo Rubio de Castarlenas

Querría, ya desde el comienzo de mi ponencia, puntualizar claramente que milagro moral es milagro «en sentido estricto». Como iré señalando e insistiendo, milagro moral es un hecho sensible extraordinario, que tiene una verificación histórica o al menos biográfica y, que trasciende las normas de conducta del ser dotado de inteligencia y de libertad. El hecho del milagro moral está por encima del poder de cualquier sujeto; sólo Dios –que bien puede servirse de las causas segundas– está en posesión del poder para realizar milagros, ya se trate de milagros físicos, ya morales. Tiene significado religioso, carácter de signo, al igual que el milagro físico.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Parece como si hoy, en la perplejidad de la recién estrenada postmodernidad, muchos hubieran tirado la “razón” a la cuneta, fiándose más de lo brumoso, esotérico, mágico o de astrologías. Ocurre así, incluso, en gobernantes conspicuos o yuppys que deciden hacer o no un negocio según aconseje su horóscopo, comprado en el kiosco de la esquina. Confusas sectas de todo tipo... El desborde de pasiones y sensibilidades... Y la razón es, sin embargo, una joya preciosísima que hay que rescatar.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Tenían fama los aztecas, de pueblo guerrero que hacía frecuentes razzias a los pueblos vecinos, para tener prisioneros que ofrecer en holocausto a sus dioses en lo alto de sus pirámides.

Se sabe de guerras cruentas, sostenidas por los incas hasta establecer con férrea mano la paz de un imperio.

Se sabe, con mayor documentación, claro está, las también sangrientas guerras de ibéricos e indígenas, y la fortaleza de un orden para una nueva paz.

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fot va14Siempre oí decir a Alfredo Rubio, inspirador de esta revista, que se necesitan ¡20 años! para que una amistad esté consolidada. Es decir, todo un itinerario con diversas etapas progresivas de entrega, confianza sin reservas, compartir todo, ser uno…

Las cosas, las personas, las realidades humanas, no son estáticas: son como son, más lo que pueden llegar a ser. El hombre, en palabras de Zubiri, es una «esencia abierta» y esto se refiere tanto a lo que ahora puede él ser como a lo que él, con el tiempo, puede llegar a ser. Muchos problemas de la amistad proceden de no tener en cuenta esa capacidad de mejorar, de madurar. Fácilmente hacemos clichés de las personas, las encasillamos en la idea fija que adoptamos de esa persona, cuando la conocimos. No nos permitimos ver la realidad tal cual se nos muestra… sobre todo cuando no coincide con la idea prefijada que tenemos en nuestra mente. Y eso, obviamente, mata la amistad o no deja que vaya ascendiendo hacia cotas de mayor plenitud. Encasillar al otro es maniatar y anular toda posible manifestación, expresión o gesto de amor y de amistad.

La amistad requiere firmar un cheque en blanco. Dar un «sí» desde el inicio. Darse al amigo y estar abierto a «su misterio». Es lo que podríamos denominar «apertura contemplativa al otro». A medida que esa amistad va madurando, se es más uno mismo. No hay que aparentar, ni mostrarse distinto a lo que se es. Ese «sí» previo es lo que posibilita sacarse las máscaras, pues uno se siente aceptado y querido tal como es. Y ese poder ser uno mismo, produce una honda vivencia de libertad y alegría. Los límites no son un impedimento para la verdadera amistad, al contrario, asumidos desde la humildad, pueden ser trampolín para crecer en una amistad más auténtica. Más que la búsqueda del perfeccionismo o el voluntarismo, puede ser mucho más fecunda una actitud de receptividad, de contemplación, de escucha y de espera.

El hombre, volviendo a Zubiri, se halla constitutivamente implantado «en» la realidad o en el ser y, por lo tanto, «religado» al fundamento de toda realidad y de todo ser. La amistad es progresiva en tanto cuanto volvemos a ese fundamento, a ese tomar conciencia de ser, de estar existiendo «en» la realidad, saborear la sorpresa de ese estar siendo pudiendo no haber sido. Es la «humildad óntica», a la cual se refería Rubio, junto con la libertad, la base para crecer como persona abierta a los otros. Es la tierra donde puede germinar y desarrollarse la amistad. Para ello, no solo para no olvidar ese fundamento sino para enraizarse en él, es necesario saber estar solo, como camino de maduración humana.  Estar uno consigo mismo para saber estar con otros. Beber de las fuentes donde se sustenta todo ser, para poder hacer donación de mi ser al amigo. Estar en silencio porque «solo a través de un silencio expresivo y efusivo puede el hombre dar de sí mismo a otro todo lo que de sí mismo puede dar» (Laín Entralgo). De otra manera no sabremos cómo avanzar en los diversos grados y modos que encierra la amistad.

Lourdes Flavià Forcada
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Jordi Cussó Porredón

foto red

Se ha hablado mucho de las actitudes pacifistas fundamentales en la no-violencia. El hombre que ha caracterizado esta postura ha sido Ghandi y su lucha no violenta, en la India. Otros hombres y mujeres de nuestro siglo, con su testimonio, y a menudo entregando la propia vida, han sido referentes de esta actitud no violenta. El movimiento pacifista ha sido uno de los granes hallazgos del siglo pasado y es vigente, más que nunca, en los tiempos que estamos viviendo.

Parece que el pacifismo sea contrario a la violencia, que sean dos términos incompatibles. Pero me parece que tenemos que recuperar la palabra violencia, ya que no podremos alcanzar la paz sin una cierta violencia. Con la violencia pasa algo parecido que con los conflictos. Violencia significa fuerza, energía, e igual que el término conflicto, es una realidad neutra, ni mala ni buena, es necesaria para la vida de cada día. Hacemos violencia cuando tenemos que salir del bagón del metro, todo el mundo entra y se nos puede pasar la parada. Cuando los padres hacen presión insistente para encontrar un lugar en la escuela para su hijo, que realmente lo necesita. Cuando hacemos huelga de hambre o cuando hacemos una acampada delante de un estamento oficial para reclamar más justicia.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

En el siglo XVIII, después incluso de siglos, se produjo la eclosión de la llamada “Ilustración”. Era ésta un salir por los fueros de la razón, frente a todos los oscurantismos, supersticiones, fundamentalismo y rémoras de falsas conclusiones de las ciencias hasta entonces, etc.

Todo este legado histórico había que filtrarlo por la lógica, la seria experimentación, y restantes instrumentos que la razón puede ofrecer.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Señor Director: Me animo a dirigirme a usted sobre un tema de total vigencia: sobre la Influencia. Influir o dejarse influir es como una enfermedad -nada leve- de la libertad.

A primera vista, puede ser como una gripe, incómoda; pero, en apariencia, no mortal. Y sin embargo, puede ir carcomiendo y agotando irreversiblemente al ser humano. Toda influencia, metiéndose dentro de uno, rebaja nuestra plena libertad. Entonces, nuestras acciones no alcanzarán la categoría de acto humanos, pues éstos han de ser lúcidos y libres.

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margalceran

Mar Galceran, Pedagoga

El término amor se ha convertido hoy en día en una de las palabras más usadas y, a la vez, también en aquella a la que se da interpretaciones muy dispares. Pero a pesar de los abusos del término o las discrepancias en las interpretaciones, lo cierto es que, a lo largo de la historia, el amor no ha dejado de ser una de las aspiraciones fundamentales del ser humano, hasta el punto de poder afirmar que la vida pierde sentido si no se tiene a alguien a quien amar o no se siente querido. El amor se convierte como la fuente de agua que sacia nuestra sed de vivir.

También en el ámbito de la pedagogía, desde la Grecia clásica, en la que la enseñanza quedó institucionalizado, hasta la actualidad, una multitud de corrientes y teorías pedagógicas han intentado desarrollar técnicas y métodos haciendo del amor una actitud, un talante, un estilo educativo para conducir los educandos hacia su plena humanización y realización personal.

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David Martínez García

2017 05 Maig redCada vez más voces están evaluando la posibilidad de implantar una renta básica universal. Es una asignación monetaria e incondicional que otorgaría el estado a todos sus habitantes, independientemente de cuáles pudieran ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien convivieran. A este concepto Alferdo Rubio de Castarlenas lo denominó en su momento “salario por existir”, es decir la percepción de una renta que recibiría el individuo por el simple hecho de haber nacido.

Se han realizado muchos debates que han puesto de manifiesto fuertes controversias respecto a la viabilidad de su implantación, considerándola en la mayoría de los casos una propuesta utópica y asociándola, principalmente, a una visión política de izquierdas.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

En el campo, en verano, algunas veces acompañaba a mi madre cuando iba de compras a algún pueblecillo cercano. Entrábamos en las tiendas de “ultramarinos”, nombre por aquello del azúcar, el café, las especies, la vainilla y la canela. Pero había de todo en ellas: fruta fresca, legumbres y multicolores botellas de jarabe rojo de grosella, verde de menta, o lechoso de horchata de almendras... Colgaban del techo tiras de color ámbar que supongo sería como una melaza, que atraían a las moscas. Al ir a sorberla, sus delgadas patas quedaban enganchadas. En pocas horas aquella larga tira quedaba negra del moscambre.

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