Entrevista a Alfredo Rubio de Castarlenas

Las fiestas de Navidad están envueltas en un recuerdo de lo judío, de Palestina... No es mal momento para invitar a sentarse en una misma mesa, con ambiente cordial y distendido, a personas especialistas en estos mundos que hoy se empeñan en ser tan conflictivos: Israel y el Islam. Por esto, el Ámbito María Corral en la XXXIX Cena Hora Europea; celebrada el pasado mes de diciembre, trató el tema del retorno judeo-árabe a España. Don Alfredo Rubio redactó el texto que se publicó en la convocatoria de la cena para centrar el diálogo. Tomaron parte en él como ponentes: Teresa Losada, doctora en Filología Semítica, árabe- islámica, directora del Centro Bayt al-Thagafa de Barcelona; Mario Muchnik, escritor y editor; y Carles Sentís, presidente-decano del Colegio de Periodistas de Cataluña. Hablamos con Alfredo Rubio que, con su habitual profunda y cálida palabra, nos comenta sus impresiones sobre este coloquio.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Era una anciana que pedía limosna. Aunque hiciera calor, ella sentía frío. Empezaba el otoño y sabía, por experiencia, cuánto se le agarrotarían las manos en el invierno. Casi nos las podría mover.

Había visto y revisto en el escaparate de una tienda guantes de lana, gordos, de diversos colores. Un día, venció sus reparos y se atrevió a entrar en ella, a pesar de su vestimenta vieja, un tanto andrajosa y suponía que maloliente, aunque ella no lo percibiera.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Si en un castillo de naipes derrumbamos uno de los lados, casi simultáneamente se derrumba el otro. Europa, desde Yalta, se había convertido en un difícilmente equilibrado castillo de la barajas de naciones. Se contrarrestaban los respectivos frentes fríos o algo cálidos; se oponía la Otan al Pacto de Varsovia, el Comecon al Mercado Común. Manteniendo un pulso, se sostenían mutuamente. No sólo los países del Este.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Todos saben que la llamada primera revolución industrial, en el siglo XIX, dejó sin trabajo a una gran cantidad de artesanos y ello fue el origen de grandes trastornos para aquellas generaciones.

La sociedad industrial pudo ir remontando aquella situación, ya que gracias al desarrollo que ella misma producía y a las nuevas fuentes de energía que se descubrieron –electricidad, petróleo– creó nuevos niveles de necesidades – transportes, productos químicos, etc.– que abrieron abundantes nuevos puestos de trabajos, inimaginables poco antes.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Los pueblos, las naciones, consideran que los que forman los pueblos vecinos –o también lejanos– son herederos de lo que hicieron sus antepasados y que repercute a veces dolorosamente en las condiciones del presente. Se magnifican las culpas que se les hace heredar a los hijos de los antiguos enemigos.

Desde pequeños, al estudiar la historia –¡tan manipulada su enseñanza!– se nos inculca un recelo y quién sabe si un odio a nuestros contemporáneos de esas naciones. Esto impide una posible y serena colaboración y amistad con ellos.

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Gracias por existir“Si la historia hubiera sido distinta…” Muchas veces nos decimos esto. Y completamos con frases como “otro gallo nos cantara”. El caso es que, como suele decirse, el “hubiera” no existe, sirve para imaginar otros escenarios posibles que nos regalarían presentes diferentes.

Existe el ahora, el somos lo que somos y como somos. Existe un solo presente.

La historia es siempre una recapitulación de hechos, a partir de unas fuentes, que se hace en presente. Siempre es una mirada hacia el pasado, pero con raíces en el ahora.

(Claro está que podemos estudiar cómo concebían su historia y su presente, personas del  pasado. Y esto sirve para contemplar que los seres humanos accedemos al pasado desde nuestro propio presente).

Una de las características de la arquitectura gótica son sus bóvedas. Son cuatripartitas y muchas de ellas concentran sus fuerzas en un elemento central llamado “clave de bóveda”. Es un elemento clave, como su nombre dice. Por su etimología, clave es una palabra emparentada con llave, claustro, clausura… palabras que aluden a lo que cierra. La clave de bóveda concentra o encierra la fuerza de la bóveda.

Pero las claves de bóveda también cumplen otra función. Muchas de ellas son trabajadas escultóricamente para dar mensajes. Ya sea un escudo, una escena o la imagen de un personaje con ciertos valores. Todos estos motivos también se convierten en claves o mensajes que encierran y a la vez abren la comprensión hacia otras lecturas.

Este paseo por el gótico nos sirve para contemplar que en el presente también hay claves que nos abren la comprensión del pasado. Dichas claves están ahí, colgando ante nuestros ojos. Encierran o concentran las fuerzas del devenir y en ellas se han ido esculpiendo, con el tiempo, las iconas o imágenes que condensan los acontecimientos sucedidos.

Hay que pasearse por el presente con ojos atónitos. Contemplar los acontecimientos, leerlos pausadamente. En ocasiones releerlos varias veces, como cuando nos enfrentamos a un autor nuevo y se nos escapan algunos de sus conceptos. Recurrir a diccionarios o voces expertas en la materia para entender el sentido de las cosas.

Se nos dice muchas veces que hay que entender el pasado, conocerlo, para comprender el presente. Propongo el ejercicio inverso. Leamos el presente, descubramos en él las claves que nos remonten al pasado. Como cuando vamos quitando capas de cebolla, lo hacemos de afuera hacia adentro. Al revés es imposible.

Mirémonos en el espejo, personalmente y colectivamente. Debajo de cada rasgo actual, hay uno anterior que lo ha hecho posible. A cada característica de nuestro presente le ha precedido otra concreta, sin la cual no existiría.

Somos seres concretos, fruto de un pasado también concreto sin el cual no existiríamos. Tener esta conciencia de progresión nos arraiga fuertemente al presente y nos hace aceptarlo tal como es, aceptando consecuentemente el pasado que lo ha hecho posible. Solo tenemos un presente: el que estamos viviendo. Y sobre él sí que podemos incidir. Esto es la base de la libertad.

 Revista RE, Septiembre de 2017

Ámbito de Historia

 

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Los jóvenes, la gente, cuando llegan a la Universidad son, en general, individuos con su personalidad ya muy estructurada. La Universidad, para que pueda dar lo que le es propio, parece que desearía que la formación recibida por sus nuevos alumnos se basara en la sorpresa de existir en medio del Universo.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

La conmemoración del V Centenario ha de ser una aportación a la paz. Este es nuestro único deseo. Ni caer en airadas reacciones ni en conmemoraciones vanas. O servimos a la paz y a la alegría de la convivencia de todos o se estaría pediendo el tiempo y energías.

Recordemos una vez más que ni nosotros ni nuestros contemporáneos de todos los países tenemos ni culpas ni glorias de lo acaecido en épocas pretéritas. Sencillamente porque no existíamos. Sí que hemos de estar muy atentos en no repetir hoy las injusticias que pudieron haber, así como también subsanar en todo lo posible las consecuencias negativas actuales de aquéllas. Liberados, pues, de absurdos prejuicios y rencores, colaboremos juntos, los de las dos orillas, para construir una sociedad mejor para todos.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

¿Por qué estas exclamaciones? Porque allá por los años treinta del siglo pasado – o sea, hace unos ciento cincuenta años– ese artilugio perfeccionado posibilitó el magno descubrimiento de que el varón no era el semidios que portaba en sí los hijos en semilla y que los sembraba en la mujer, que era como la madre tierra al igual que el que esparce granos de trigo. No. Resultaba que el hombre era solamente portador de media semilla. Y la mujer no era tan sólo tierra más o menos fecunda o baldía, sino que ella portaba también otra media semilla.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

¿Por qué me hice sacerdote? Ante todo, por la inmensa, desconcertante, gracia de Dios. Empecé mis estudios para el sacerdocio al borde de los treinta. ¿Hora tercia?

¿Cómo llegué a esta decisión?

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