Josep M. Forcada Casanovas

2017 Gener redEl populismo no es un fenómeno nuevo, pero tal vez en el siglo que hemos dejado atrás y el actual se ha desarrollado con mayor claridad. Se habla mucho de ello. La definición de esta realidad es compleja. Podemos decir que es la expresión popular de un malestar social o político a partir de ingredientes demagógicos. Sus líderes son capaces de persuadir con grandes recursos psicológicos y hábilmente saben buscar aquellos temas que los ciudadanos sienten como una injusticia u otros temas que les gustaría que fueran tratados.

No es sólo una queja pública, bien orquestada, la que convoca a la ciudadanía a una respuesta. Acostumbra ser la voz de los que no tienen voz y que se aglutina para forzar cambios. Puede ser una realidad valorable de manera positiva, si se considera como un motor de cambio de status. Se ha de valorar cómo funcionan los populistas, es decir, el método que siguen, hacia dónde van –a parte de la mejora social– y dónde quieren llegar.

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03 MARÇ 2019 redSeñalaba Manuel Castells, en un artículo del 19 de enero pasado, que existe una auténtica “conspiración contra Europa”(1).  Según él, se está viviendo la pugna entre dos modelos culturales distintos y en muchos aspectos divergentes. Podría sintetizarse así: el modelo de la Europa más liberal, pluralista e ilustrada, puesta en jaque por los nuevos populismos xenófobos y ultranacionalistas. Estos últimos se autoproclaman defensores -a su modo- de la tradición judeocristiana, contra lo que consideran una invasión del Islam en territorio europeo. Un decidido impulsor de esta visión en Europa, según Castells, es Steve Bannon, exasesor de Donald Trump.

Cada uno de los modelos entiende de manera distinta la gestión de los intereses nacionales con el resto de los países. Pero también y sobre todo, contrastan en la comprensión de fondo sobre el ser humano, el mejor modo de construir sociedad, la familia y la relación entre hombres y mujeres. 

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Jaume Aymar Ragolta

32215894858 d11d5848d1 redLa multidisciplinariedad es la yuxtaposición de disciplinas que favorece una mejor comprensión de un objeto de estudio. La interdisciplinariedad implica el diálogo enriquecedor entre las distintas disciplinas y tiene como meta la transdisciplinariedad, como ubicación y maduración de todo el saber en el espacio de la sabiduría. Son términos largos y algo difíciles de decir, pero esta complejidad formal revela un fondo también complejo.

El Ámbito de Investigación y Difusión María Corral, que cuenta con el asesoramiento de la Universitas Albertiana, ha celebrado su cuadragésimo aniversario y la 235 Cena Hora Europea. Estas cenas-coloquio, que se han realizado en diversos países, durante un tiempo llevaron por subtítulo “encuentros interdisciplinares” puesto que los ponentes de cada cena-coloquio proceden siempre de diversas disciplinas.

Pero, ¿es posible un diálogo interdisciplinar fecundo si habitualmente se desconocen los postulados de las disciplinas que entran en conversación? La respuesta inmediata sería “no”. Si no conocemos de donde parte nuestro interlocutor, difícilmente podremos avanzar en el diálogo con él. Si este no es posible, tampoco lo sería la transdisciplinariedad. Nos quedaríamos en la simple yuxtaposición de disciplinas y perderíamos el horizonte universal de la universitas.

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Jaume Aymar Ragolta

2018 05 Juny redA menudo, ante una crisis política se reivindica el diálogo. Pero este tiene sus condiciones. En primer lugar, para dialogar hay que estar dispuesto a escuchar. Y escuchar es más que oír. Escuchar significa hacerse cargo de las razones de nuestro interlocutor y dejarnos interrogar por ellas.

El diálogo no es sólo de palabras. Dialogamos también con la mirada. El lingüista Sebastià Serrano recuerda que la palabra humana puede tener 100.000 años, pero una mirada tiene millones de años, está cargada de fuerza y de elocuencia. Dialogamos también con el tono de voz, con las manos, con la proximidad, con los gestos, con la ternura.  Del mismo modo que en la música, los silencios tienen incluso más valor que las palabras, también en el diálogo los silencios son elocuentes. En la civilización occidental solemos esperar siempre una respuesta inmediata. En otras civilizaciones no es así. A veces la respuesta se hace esperar unos minutos. Otras mucho más tiempo.  Decía Ignacio de Loyola que la palabra es de plata, pero el silencio es de oro.

Por otra parte, creemos que “hablando se entiende la gente” y es evidente que esto no es una verdad absoluta. Al menos no siempre es así. A veces confundimos el diálogo con una yuxtaposición de argumentos y olvidamos que una cosa es entender y otra más profunda es comprender. Cuando la gente se ama, se entiende y se comprende. Y toda persona es digna de amor por el solo hecho de existir.

El diálogo político, para ser auténtico, pide negociación y la negociación implica renuncia. Si nos hacemos cargo de estos parámetros, entonces el diálogo podrá ser de verdad fecundo.

Nuestros diálogos demandan un salto cualitativo. Si no son sólo caricaturas o puestas en escena vacuas.

 

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Jordi Cussó Porredón

EDITORIAL SETEMBRE 2016 02 red

Estos días en España, después de dos intentos fallidos, estamos esperando que los partidos políticos se pongan de acuerdo para formar gobierno. En el caso de que no lo logren, nos amenazan con la convocatoria de unas terceras elecciones. La amenaza de las elecciones lleva consigo el que los ciudadanos tendremos que soportar una nueva campaña electoral. No hay duda de que la democracia y su sistema de elecciones nos permiten cada 4 años dar o quitar la confianza a nuestros gobernantes, pero si abusamos del propio sistema la gente termina por cansarse y dejar de creer en la propia democracia.

Además, las últimas campañas electorales que hemos "sufrido", dejan mal sabor de boca. Por un lado se ha generado una cierta sensación de preocupación y tristeza y, por otro, de impotencia, pues la ciudadanía no termina de ver cuál puede ser la solución real a todo lo que está viviendo. Muchos gritos, descalificaciones, publicidades sensacionalistas..., pero pocos contenidos, que son los que realmente pueden ayudar a construir una sociedad más justa y en paz.

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Jordi Cussó Porredón 

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Hace tiempo que constatamos que nuestra sociedad vive instalada en una queja permanente. Podríamos hacer una extensa lista de las continuas quejas que escuchamos en las tertulias radiofónicas, en las cartas al director de los periódicos, en las conversaciones familiares o en la cafetería con los amigos.

Pero por otro lado, todos constatamos que esta actitud de quejarse no soluciona los problemas. Señalar los defectos personales y sociales y quedarnos en esta postura, sólo consolida la propia impotencia. Pero parece como si eso no importase en demasía, porque pasan los días y lo seguimos haciendo como si tal cosa. Si quejarse es una actitud estéril, que no ayuda a mejorar las cosas, ¿por qué nuestra sociedad sigue instalada en una crítica fácil y desmedida? Porque en el fondo nos damos cuenta de que si nos quejamos continuamente de los demás, no es necesario que revisemos lo que hacemos nosotros, porque con la queja tapamos aquellas realidades de nosotros mismos que no nos gustan.

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2018 02 Febrer redJosep M. Forcada Casanovas

Es abismal el cambio realizado en los medios de comunicación en los últimos cien años. Desde el pregonero que a voz en grito comunicaba las noticias publicadas en los ayuntamientos y en las iglesias, hasta un amplio recorrido de novedades técnicas: la prensa escrita, la radio, la televisión, etc. y ahora las redes sociales. Todos influyen en la opinión tanto en positivo como en negativo. Los medios clásicos han sufrido épocas de censura institucional por motivos políticos, religiosos o militares entre otros, en que el comunicador se debe al dueño del medio –público o privado– que tiene sus controles más o menos decisorios, para responder según la ideología que hay detrás.

Con los Colegios de Periodistas han aparecido los códigos de ética profesional que son profundamente útiles para responder a la veracidad de las noticias o pensamiento de quienes redactan artículos de opinión. Quizás el sector radiofónico y el de las tertulias son más difíciles de controlar. Cabe constatar que este género comunicativo es un potente reflejo de la diversidad de opiniones sobre un determinado tema. Estos son tratados por los llamados «expertos», a pesar de no ser expertos en todo.

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Leticia Soberón

personal 3285992 1920Aunque pueda sorprender, la inteligencia de los grupos no está garantizada por el coeficiente intelectual de cada individuo, aunque éste pueda llegar a ser, por supuesto, un factor muy aprovechable. La inteligencia de los grupos se basa sobre todo en sus dinámicas internas, en el modo como interactúan las personas.

De hecho, no es raro ver a personas muy inteligentes relacionándose con dinámicas tan tontas, que terminan actuando en contra de sus propias necesidades y objetivos comunes. ¡Y haciéndose daño a sí mismos! Esto se puede dar tanto en las familias, como en las instituciones (empresas, centros docentes, administración pública, asociaciones…) y, por supuesto, en la esfera política. Y también vemos a personas que quizá no sean tan brillantes, pero que con las dinámicas adecuadas, salen adelante y generan un beneficio para todos los que conforman ese grupo e incluso para la comunidad más amplia.

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Leticia Soberón Mainero

Escultura4

Durante estos primeros quince años del tercer milenio, la ciencia y la tecnología han dado saltos cualitativos en la información y posibilidad de intervención sobre el ser humano.

Aportan datos e instrumentos que permiten no sólo conocer, sino también modelar a voluntad algunos aspectos de su genética, la definición de su sexo y ciertas funciones cerebrales que marcan su memoria o sus estados de ánimo.

Sólo tres ejemplos. La descripción secuencial del genoma humano, completado en 2003, ha abierto nuevos caminos a la prevención y curación de enfermedades, aunque también pueda implicar la eugenesia o la clonación.

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Natàlia Plá Vidal

2018 12 desembre redDifícil sustraerse al ambiente navideño y de cambio de año a la hora de escribir… Más allá de los reclamos publicitarios y el trajín en el ambiente, resurgen temas que año tras año se mantienen ahí.

Me sonreía días atrás viendo una serie televisiva cuando, en medio de las peripecias de sus protagonistas y hábilmente salpicada con humor, se explicitaba por fin la clave de fondo que sustentaba la trama: la eterna lucha del bien contra el mal. A veces guardamos silencio sobre lo que importa y así, como decía Martin Luther King, nuestras vidas comienzan a acabarse. Callar sobre la lucha que sigue produciéndose hoy como siempre, es una forma de dar ventaja a quienes con mayor habilidad manejan las armas de la propaganda y la comunicación. 

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