Natàlia Plá Vidal

man 1156543 640redNoviembre es siempre de referencia a San Alberto Magno y ocasión para darle una vuelta a la cuestión del saber, del conocimiento. Precisamente por lo albertiano, tal reflexión ha de estar bien encajada en el contexto. Porque lo característico de Alberto era conciliar los saberes de la época.

La primera implicación que eso tiene es que no se debe menospreciar ningún tipo conocimiento, ningún saber. Esto es valioso en un momento cultural como el nuestro, con gran facilidad para dejarse seducir por lo que deslumbra (aunque sea una hoguera de vanidades, un mero fuego de hojarasca).

La otra cara de esta misma moneda es reconocer la limitación de todo tipo de conocimiento. Por valioso que sea, nunca es último, definitivo ni suficiente. No es solo una limitación por su alcance, sino por sus posibilidades. Ninguno de los distintos tipos de saberes nos dice todo acerca de algo. Seguramente, ni siquiera nos dice lo suficiente.

Es algo equivalente a lo que la separación de poderes pretende en el ámbito de la vida política: garantizar que unos limiten a otros para no ceder a demasías ni desvaríos o, dicho a la inversa, lograr una mayor justicia a través de la intervención de distintos enfoques.

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hqdefaultRamon Llull es un místico y sabio nacido en Mayorca en el siglo XII y muerto hace 700 años a muy avanzada edad. Ramon, después de un proceso de conversión, decidió dedicar su vida a difundir el mensaje de Jesús, convenciendo a toda persona acerca de la verdad que él había encontrado. Llegó a escribir una cantidad enorme de libros y a traducirlos él mismo para propagar sus enseñanzas. A través de la combinación de valores y virtudes elaboraba razonamientos y señalaba evidencias que querían convencer sobre las verdades cristianas.

Uno de los libros que redactó y que contiene una fuerte intensidad mística es el Libro de Amigo y Amado. Este libro es una colección de aforismos o pensamientos breves, muchas veces redactados en diálogo, que evocan la relación del ser humano y Dios. En estos aforismos se exponen situaciones donde se cuestiona qué es y cómo es el amor de Dios -el Amado- hacia la persona -el Amigo- y viceversa. El camino del místico es encarnar la unión con Dios. En este sentido, el Libro de Amigo y Amado, nos hace mirarnos en el espejo del Amigo para contemplar cada uno nuestra relación con el Amado.

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fot va14Siempre oí decir a Alfredo Rubio, inspirador de esta revista, que se necesitan ¡20 años! para que una amistad esté consolidada. Es decir, todo un itinerario con diversas etapas progresivas de entrega, confianza sin reservas, compartir todo, ser uno…

Las cosas, las personas, las realidades humanas, no son estáticas: son como son, más lo que pueden llegar a ser. El hombre, en palabras de Zubiri, es una «esencia abierta» y esto se refiere tanto a lo que ahora puede él ser como a lo que él, con el tiempo, puede llegar a ser. Muchos problemas de la amistad proceden de no tener en cuenta esa capacidad de mejorar, de madurar. Fácilmente hacemos clichés de las personas, las encasillamos en la idea fija que adoptamos de esa persona, cuando la conocimos. No nos permitimos ver la realidad tal cual se nos muestra… sobre todo cuando no coincide con la idea prefijada que tenemos en nuestra mente. Y eso, obviamente, mata la amistad o no deja que vaya ascendiendo hacia cotas de mayor plenitud. Encasillar al otro es maniatar y anular toda posible manifestación, expresión o gesto de amor y de amistad.

La amistad requiere firmar un cheque en blanco. Dar un «sí» desde el inicio. Darse al amigo y estar abierto a «su misterio». Es lo que podríamos denominar «apertura contemplativa al otro». A medida que esa amistad va madurando, se es más uno mismo. No hay que aparentar, ni mostrarse distinto a lo que se es. Ese «sí» previo es lo que posibilita sacarse las máscaras, pues uno se siente aceptado y querido tal como es. Y ese poder ser uno mismo, produce una honda vivencia de libertad y alegría. Los límites no son un impedimento para la verdadera amistad, al contrario, asumidos desde la humildad, pueden ser trampolín para crecer en una amistad más auténtica. Más que la búsqueda del perfeccionismo o el voluntarismo, puede ser mucho más fecunda una actitud de receptividad, de contemplación, de escucha y de espera.

El hombre, volviendo a Zubiri, se halla constitutivamente implantado «en» la realidad o en el ser y, por lo tanto, «religado» al fundamento de toda realidad y de todo ser. La amistad es progresiva en tanto cuanto volvemos a ese fundamento, a ese tomar conciencia de ser, de estar existiendo «en» la realidad, saborear la sorpresa de ese estar siendo pudiendo no haber sido. Es la «humildad óntica», a la cual se refería Rubio, junto con la libertad, la base para crecer como persona abierta a los otros. Es la tierra donde puede germinar y desarrollarse la amistad. Para ello, no solo para no olvidar ese fundamento sino para enraizarse en él, es necesario saber estar solo, como camino de maduración humana.  Estar uno consigo mismo para saber estar con otros. Beber de las fuentes donde se sustenta todo ser, para poder hacer donación de mi ser al amigo. Estar en silencio porque «solo a través de un silencio expresivo y efusivo puede el hombre dar de sí mismo a otro todo lo que de sí mismo puede dar» (Laín Entralgo). De otra manera no sabremos cómo avanzar en los diversos grados y modos que encierra la amistad.

Lourdes Flavià Forcada
Publicado en RE 67

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corazon andanteEntramos en un nuevo año. Siempre, en estas fechas, nos felicitamos y nos deseamos lo mejor para el año que empieza. Abundan las expresiones como “que este año sea mejor que el anterior”, o “que sea un año lleno de bendiciones”… Más de uno, seguramente nos preguntamos que es lo qué deseamos o cómo soñamos que sean estos doce meses que como un abanico se irán desplegando.

Interiormente me surge el estar abierta a lo que la realidad me vaya presentando en el día a día y eso incluye, capacidad de contemplación y admiración. El papa Francisco hablaba recientemente del “saber detenernos en los lugares del asombro en la vida cotidiana”. Y uno de los lugares que señalaba era “el otro”. Ver al otro no como alguien ya archiconocido del cual no podemos esperar nada nuevo, sino como un ser único e irrepetible que siempre puede sorprendernos, del cual siempre podemos aprender algo… si estamos abiertos a contemplarlo con una mirada limpia de prejuicios.

Podríamos en este año hacer un itinerario o peregrinación por estos “lugares” del asombro. Empezar cada día con una actitud de receptividad y acogida a lo que la cotidianidad nos vaya ofreciendo. A veces nos ceñimos demasiado a los planes preconcebidos, a lo que la agenda marca, a los proyectos que hemos dibujado en nuestra mente, y cuando algo no previsto irrumpe en nuestra vida, nos cuesta demasiado flexibilizarnos y adaptarnos a esa circunstancia que no estaba considerada. En vez de verla como una injerencia no deseada en nuestros planes, podríamos verla como una oportunidad para crecer humanamente. Estar abierto a lo que la vida nos depara es aprendizaje de humildad, de no creernos una especie de semi-dioses que todo lo tienen controlado y nada puede quedar fuera de su supervisión o registro.

El asombro, la admiración, la contemplación de la realidad tal como se nos presenta es una buena actitud previa para poder afrontar con paz y alegría lo que tenga que venir. Saber integrar los imprevistos, las situaciones inesperadas, las contradicciones o, incluso, circunstancias dolorosas de enfermedad o muerte, son signo de una verdadera salud global.

Días atrás iba en el tren y se subieron al vagón, por distintas puertas, tres músicos. Dos de ellos iban juntos, tocaban juntos. El tercero, se notaba que no. Cada uno de ellos llevaba un instrumento distinto. Pensé que se iban a poner de acuerdo para tocar primero unos y después el otro o al revés. Pero no fue así. Se intercambiaron unas sonrisas, se juntaron, musitaron unas palabras… y empezó a sonar la música. Uno con el acordeón, otro con la guitarra y el tercero con el contrabajo, nos ofrecieron a los pasajeros un improvisado concierto… y no sólo eso. Yo diría que lo más hermoso fue el espectáculo que nos ofrecieron de integrar lo inesperado y ser capaces de crear una bella sinfonía de música y vida.

Lourdes Flavià Forcada

Publicado en Murtra Santa María del Silencio

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