Hay pájaros venidos de muy lejos.
Vienen sin nombre y estrenando canto.
Frescas hierbas se yerguen como acanto
mientras las piedras toman verdes dejos.

Hoy se han roto los vínculos añejos.
¡Domingo en el que todo es nuevo y Santo!
Cosas y gentes son, ya sin quebranto,
de Ti ¡Oh Cristo!, ubérrimos anejos.

Tú, León de Judá te has despertado
a un vivir sin fin, lleno de Gloria
a la que el Padre te ha arrebatado.

Si tu derrota fue nuestra derrota,
tu Victoria será nuestra Victoria
y tu Cielo, ya a mano, nuestra cota.

Alfred Rubio de Castarlenas

Publicado en Poesía

Alfredo Rubio de Castarlenas

Jesús nos dijo: «Siempre estaré a vuestro lado». Seguramente conocen ustedes aquella narración de una persona que seguía muy de cerca a su vez, las pisadas de Jesús. Pero al mirar un día hacia atrás el largo camino recorrido en la playa, vio que había trechos en que sólo se distinguían en la arena, las pisadas de una persona. Se dió cuenta además que esto ocurría en los tiempos, en que había tenido muchas penas y disgustos. Se atrevió a decirle a Jesús: ¿Cómo en esos trances me abandonaste? Jesús le respondió: «Las huellas solitarias que ves, son las mías. Precisamente en aquellos momentos de tribulación tuya, te llevaba en brazos, aunque tú no te dabas cuenta». ¡Qué hermoso estímulo esta respuesta del Señor para seguirle con premura y cercanía! Sin embargo, en nuestra vida siguiendo a Jesús, llegamos a una encrucijada en que sus pisadas se nos esfuman y no sabemos por dónde ir. Esto sucede cuando alcanzamos el pie de la cruz. Sólo vemos el hoyo del recio madero clavado en la tierra. ¿Cómo seguirle entonces?

Publicado en Artículos

01 andadurapascualAlfredo Rubio de Castarlenas

En nuestro tiempo, la mayoría de los cristianos hemos sido bautizados de niños. Desde entonces, tenemos impreso en nosotros el carácter de ese Sacramento. Cierto. Pero es a lo largo de muchos años, que vamos tomando conciencia del mismo hasta llegar, libre y responsablemente, a asumirlo en plenitud. Recorremos en la vida, un largo catecumenado, hasta alcanzar la madurez en la Fe, en la Esperanza. Es decir, hasta que morimos al hombre viejo. Esta es la verdadera muerte. Luego, el fenecer físico, no lo será tanto porque ya antes nos hemos muerto aún más hondamente. Hemos expirado con Cristo en la Cruz para poder renacer con Él a la vida nueva ya en el Reino de los Cielos, aquí en la tierra. Reino de Amor, que dejó ya establecido en medio del mundo. Empezamos a recorrer un difícil proceso hasta alcanzar lo que significa precisamente el Sacramento del bautismo recibido: morir y resucitar auténticamente con Cristo.

Un camino duro, de grandes tentaciones, de mortificaciones, de perplejidades, de dudas, de acompañar sufriendo a Jesús sufriente, camino del Calvario. Seguirle en ese Vía Crucis para morir con Él junto a su Cruz. Pero no temamos. «Mi yugo es suave y mi carga ligera» nos dirá, porque Él es el que lleva la parte más pesada. Sólo somos cual cirineos.

El grueso de los Evangelios nos cuenta esa andadura. Desde que Juan le preguntó «¿Maestro, dónde moras?» hasta que el Discípulo Amado estuvo al lado de María a la sombra del Madero. Pero ahí, en el Calvario, no acaba todo. Más bien todo empieza. En aquel sábado terrible, cuando todos estaban envueltos en una fe oscurísima y desesperados, María era la única que tenía bien prendida la llama de la fe en su lámpara de Clara-esperanza. Esa llama, era la única luz que alumbraba al mundo hasta que llegó el esplendor de la Resurrección de Cristo. Y de la nuestra. Entonces, comienza una nueva andadura. Un Camino de Alegría, de encuentros con Jesús Resucitado que a la vez nos va resucitando a nosotros. Quedamos constituidos, por sus méritos salvíficos, Hijos de Dios. Y hemos de escucharlo de nuevo.

Todo lo que Él nos dirá en esas presencias gloriosas suyas. ¿Qué nos manda, qué debemos hacer en adelante para ser buenos ciudadanos de ese Reino de Dios en la Tierra? Escuchemos, bebamos con ansia, cada una de sus novísimas palabras para ponerlas en práctica. Asistidos y llenos del Espíritu Santo.

¡Sí; ya hemos muerto y resucitado! ¡Por fin el bautismo se ha hecho total realidad en nosotros!

Entremos en estas páginas y recorramos gozosos lo que ya muchos, desde Evely, llaman el «Camino de la Alegría». Meditemos las enseñanzas, las actitudes, la misión que Jesús Vivo, nos da en cada recodo.

Extracto del Libro «Andadura Pascual. Camino de la Alegria»

 

Publicado en Artículos