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1280px University of Salamanca Fray Luis de LeonPublicado en Mgmagazine 

Internet ya permite acceder a un curso de Harvard desde el pueblo más remoto del planeta. Y eso lo cambia todo. La revolución digital transformará por completo un sistema universitario que ahora ya arrastra problemas. Las facultades acogerán a estudiantes de diferentes edades y nacionalidades mientras que la educación virtual ganará terreno. La competencia será global. Y será feroz.

¿Cómo será la universidad del futuro? ¿Se impondrá el modelo virtual frente a las clases presenciales? ¿Se democratizará o será cada vez más elitista y superespecializada? ¿El sistema público es económicamente sostenible? ¿Cuál será la influencia del mercado? ¿Se mantendrá la tradicional relación entre enseñanza e investigación? ¿Cómo afectarán los cambios demográficos? En el universo académico hay confluencia en la necesidad de repensar la educación superior, pero las respuestas a estos interrogantes aún están lejos de generar consenso.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Hemos tenido, en el «Castell de Les Gunyoles», una convivencia para preparar unas Jornadas Interdisciplinarias que sobre el tema «Abramos camino a los jóvenes», se celebrarán en Barcelona el próximo diciembre. Estaban presentes varios Catedráticos de diversas Universidades; por eso una tarde, surgió espontáneamente el tema de que hoy todos sienten –sentimos– una cierta crisis de identidad de lo universitario.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Los jóvenes, la gente, cuando llegan a la Universidad son, en general, individuos con su personalidad ya muy estructurada. La Universidad, para que pueda dar lo que le es propio, parece que desearía que la formación recibida por sus nuevos alumnos se basara en la sorpresa de existir en medio del Universo.

Alfredo Rubio de Castarlenas

La conmemoración del V Centenario ha de ser una aportación a la paz. Este es nuestro único deseo. Ni caer en airadas reacciones ni en conmemoraciones vanas. O servimos a la paz y a la alegría de la convivencia de todos o se estaría pediendo el tiempo y energías.

Recordemos una vez más que ni nosotros ni nuestros contemporáneos de todos los países tenemos ni culpas ni glorias de lo acaecido en épocas pretéritas. Sencillamente porque no existíamos. Sí que hemos de estar muy atentos en no repetir hoy las injusticias que pudieron haber, así como también subsanar en todo lo posible las consecuencias negativas actuales de aquéllas. Liberados, pues, de absurdos prejuicios y rencores, colaboremos juntos, los de las dos orillas, para construir una sociedad mejor para todos.

Alfredo Rubio de Castarlenas

¿Vacaciones para descansar de la fatiga acumulada por el trabajo intenso, los exámenes, el stress...? Este descanso puede ser un apetecible objetivo al principio de las vacaciones.

Tal como está la vida, ese relax puede ser incluso una finalidad ineludible. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que descansar es cambiar de ocupación, de ambiente, de preocupaciones.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Son muy conocidos ya los resultados de la llamada psicología de los colores. Cuánto influyen ellos, incluso de modo inconsciente, en nuestras formas de obrar, de sentir y hasta de pensar.

La compañía holandesa de aviación K. L. M. hace un tiempo notaba que en los mismo tipos de avión y vuelos que otras Compañías, y en las mismas condiciones atmosféricas, tenían un porcentaje mayor de pasajeros mareados que en las demás. Llamado, al fin, un psicólogo, éste vio que el color de la tapicería de sus aviones era amarillo; color, podríamos decir, bilioso... Les aconsejó que lo cambiaran por otros colores, verde pálido o crema. Le hicieron caso y desde aquel momento, se normalizaron los pasajeros.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Tuve interés en ir a visitar en el norte de Londres, la tumba de Carlos Marx. Se entra en el cementerio por una estrecha calle que parte de un antiguo pueblo con casas del siglo XVIII y aún más antiguas; en una de ellas vivía hasta hace poco, el gran violinista judío Jehudi Menuhin. Pueblo que hoy ya está englobado en el nuevo Londres. Por el otro extremo, esa callejuela termina en unos nuevos barrios residenciales, incluso con algunos edificios de apartamentos, pero que unos y otros siguen queriendo copiar un aire victoriano. Estamos junto al parque de Hamsters. En ese barrio vive también el gran sociólogo catalán y buen amigo, Salvador Giner, y Montserrat su esposa, gran artista de modernos tapices.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Los animales que pueden cantar, ¡cantan! No hay ninguno que pudiéndolo hacer no lo haga algunas, muchas veces. Si pasa por algunos momentos de miedo, de sentirse perseguido, puede ser que calle no sólo por angustia sino incluso por defensa, para no delatarse. Pero eso son situaciones extraordinarias. En su ambiente, en su hábitat, encuentra muchos tiempos propicios para expandir su voz melodiosa, al menos, lo es para sus congéneres, y proclamar así su deseo de compañía, de amor o, simplemente, su gozo de existir o sus tristezas cotidianas.

Estos hechos me fueron referidos por una amiga radicada en otro país. Soy yo quien les da la forma narrativa, pero no me pertenecen. Sin embargo estoy convencido de que vale la pena compartirlos. Mi amiga me llamó para vernos después de un año de ausencia y me contó en primera persona lo que sigue.

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«Sólo ahora me siento capaz de dar forma a esta historia, después de seis meses de intensas conversaciones, silencios repentinos, decenas de alarmantes mensajes de móvil y más de una noche en blanco. En cierto modo tenía desde el principio un final feliz; pero su protagonista está en el laborioso proceso de descubrirlo, esquivando los muchos obstáculos que tiene para ello. Se trata de un joven de 16 años que hasta hace poco tiempo tenía lo que puede llamarse una vida normal. Vamos a llamarlo Arturo. Aficionado al cine, deportista ocasional, genio de las tecnologías, buen chico y muy amiguero. Tengo con sus papás una sincera amistad desde antes de que se casaran, y sé bien la terrible frustración que los asaltó cuando supieron que no podrían engendrar hijos. Decidieron recurrir a la procreación asistida, que falló varias veces hasta que “adoptaron” un embrión congelado perteneciente a una pareja que, al haber engendrado en el primer intento, no necesitaba el resto de sus embriones. El embarazo, para sorpresa del equipo médico, transcurrió más o menos normalmente. Arturo nació prematuro y con bajo peso, pero sano y pujante. Vivió. Y al crecer se fue granjeando el cariño de todos los amigos de la familia.

Cuando cumplió 16 años, siendo un jovencito despierto y más maduro que el resto de sus compañeros, sus padres pensaron que merecía conocer la verdad sobre su origen. Aquella noche, dijo su madre, es como si le hubieran dado un mazazo en la cabeza. Estaba aturdido y el impacto no le permitió reaccionar. Ellos lo miraban preocupados, sin saber si seguir hablando o callar. Durante varios días pareció volver a la normalidad, pero evitaba las conversaciones prolongadas, parecía más ausente y distraído que de costumbre. Una noche llegó a casa muy tarde, casi de madrugada, ebrio y sucio. Me llamaron y fui de inmediato.

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Junquillar es una pequeña población al sur de Chile que se desarrolla alrededor de una sola calle. En ella no hay apenas movimiento. Cada cual está en su casa, en lo suyo. Hay un hombre mayor que, aunque sea verano va abrigado con chaleco de lana y gorro. Está en la puerta de su casa, sentado, viendo pasar el tiempo y las pocas personas que caminan por la calle de una casa a otra. Me inspira ternura y al pasar nos saludamos con una sonrisa.

Descubro que son las fiestas Junquillarinas y en la tarde se llena de gente la calle. Se la toman, cierran el paso instalando mesas para compartir, alguien canta acompañada de buenos músicos y todos festejan. Estoy de espectadora cuando alguien me invita a pasar a ser parte de la fiesta. Llega una desconocida con cara afable, me da un beso y me invita a compartir. Me siento congregada y acogida con todo respeto.

En este lugar, alejada de mi cotidianeidad, he encontrado algunos amigos de tiempo y algunas caras nuevas. Desde mi silencio he podido acoger y recibir de cada uno algo de su novedad, de su particularidad tan propia que lo hace ser único e irrepetible. La silenciosa Mirta, el organizador y ecuánime Lucho, la despistada Nacha, pendiente de alimentar a los animales, el juguetón y encantador Luciano, la inquieta y amante Virginia, el emprendedor y cuidador de la familia Pedro y la bella y adolescente Patricia.