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Josep Alegre, Profesor, Filólogo y Educador Socio-cultural

Como otras tardes mi paso se apresuraba al cruzar el parque. Una mezcla de prisa y emoción se apodera de mi cuerpo mientras camino sola, ensimismada en mis problemas. Aquí el mundo se hace concreto y es un microcosmos lleno de vida donde se saborea la propia existencia encarnada en la piel de otras personas… ¡No me la quiero a perder!

Soy Viky y es hora a levantar la mirada porque quiero participar de tanta riqueza. Me resisto a vivir aislada, agotada por las prisas, absorta en el materialismo, oculta tras la careta de la normalidad, esclava de mis propias necesidades…, y voy a mirar con atención a la vida que me rodea y sentir el perfume de cada flor y el sabor de cada comida y experimentar el punto de vista de los demás. Voy a apostar por lo que existe conmigo y junto a mí, por cada persona.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Hace un par de Coloquios hablamos sobre el dolor. Ciertamente el dolor es un tema presente y permanente en el devenir del hombre. En aquellos Coloquios se intentaba dar alguna luz desde «la evidencia del mal».

Más tarde, en los coloquios de 1994 sobre la Fe y la Razón, se abordó de nuevo el tema porque nos habíamos dado cuenta de que, con todo lo dicho sobre el dolor hasta entonces, quedaba aún su problemática muy alicorta.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Muchos temen la muerte. Querrían no tener que morir. Sin embargo, viven normalmente. Trabajan y se casan. Tienen hijos. Me parece una contradicción. Si temen y no querrían morir ¿cómo se atreven a engendrar un niño, que al darle vida se la dan inevitablemente mortal? No creo que sea una secreta venganza, tan injusta por otra parte. Ya que me engendraron a mí, yo engendro a otros para que pasen la misma angustia que yo. Esto, además, contradeciría el verdadero amor y ternura que los padres sienten por sus hijos. Más cierto debe ser lo contrario: que a pesar de tener que morir uno ame la existencia y por eso, a pesar de todo, se desea ilusionadamente poderla transmitir a otros. En el fondo puede decirse: ¡qué alegría morir!, eso quiere decir que existo, pues en este mundo sólo no mueren los que no existen.

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Comiendo las mismas calorías, la misma composición del plato, según la hora a la que comamos, cambian las consecuencias.

¿Por qué?

Pasa con todo lo demás: las mismas actividades tienen diferentes consecuencias según la hora del día a la que las realicemos, por lo que podemos pensar que en nuestro cuerpo hay ritmos fisiológicos que dependen del horario.

Y así es.

Una de las características más evidentes, no sólo de la especie humana, sino de los seres vivos, es la existencia de cambios rítmicos en su fisiología. Si estos ritmos tienen una frecuencia alrededor de un día, se denominan ritmos circadianos.

La rama de la ciencia que estudia las funciones biológicas que siguen una oscilación periódica se denomina cronobiología. La Doctora Marta Garaulet es una de las personas que ha estudiado con profundidad nuestro ritmo biológico y es una entusiasta, ya que a partir de estos estudios se ha derivado conclusiones que mejoran nuestro bienestar. Así lo muestra en su libro “Los relojes de tu vida”. ¡Os lo recomiendo!

Es un campo de trabajo amplísimo. El sistema circadiano de los mamíferos está formado por una gran red de estructuras, órganos, en el que también hay variabilidad genética y organiza gran número de procesos. Poca a poco iremos desmenuzando este entramado, pero hoy nos centraremos en saber cuál es el efecto de cenar tarde. Como veremos, se producirá la coincidencia de la secreción de melatonina e insulina.

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¿Qué pasa a la hora de cenar?

Cuando cenamos y en el plato hay carbohidratos, se comienza a segregar la hormona llamada insulina, que permite que la glucosa de la sangre entre en las células de los tejidos, y después hace que la glucosa procedente de los carbohidratos pase del tubo digestivo al torrente sanguíneo.

También sabemos que la insulina es cinco veces más eficaz por la mañana que por la tarde, es decir, metabolizamos mucho mejor el azúcar por la mañana que por la tarde. De esta manera hay un ritmo biológico de liberación de una hormona, la insulina, que conviene conocer para saber que si queremos comer dulces, mejor en las primeras horas del día.

Cuando se acerca la noche y la luz del día disminuye, se comienza a liberar la hormona melatonina, que participa entre otros procesos en el control del ciclo diario del sueño. Es cuando comenzamos a sentir sueño.

La doctora Garaulet nos explica que cuando la melatonina está elevada en nuestro cuerpo, la insulina se segrega peor por el páncreas (o la insulina que segregamos funciona peor). Eso nos puede predisponer a la diabetes.

¿Cómo ha de ser la cena?

Ahora sabemos más cosas: hay estudios que indican que si queremos tener suficiente melatonina para conciliar mejor el sueño, nos puede ayudar una dieta rica en carbohidratos, ya que los alimentos dulces favorecen la entrada de triptófano en el cerebro, que permitirá una mayor producción de melatonina. A más melatonina, más calidad del sueño.

Pero…¡si acabamos de decir que no nos conviene comer carbohidratos cerca de la hora de dormir! ¿no se trataría de mensajes contradictorios?

Pues la respuesta es que puede que no sean tan contradictorios.

El “quid” de la cuestión es el horario: respetemos la hora de cenar, dos horas y media antes de ir a dormir. Así la insulina que se segrega con la ingesta de carbohidratos, difícilmente se encontrará con la melatonina.

Podemos concluir que:

Conviene cenar temprano y limitando las calorías. Una buena cena es, por ejemplo, una sopa, una ensalada, un puré, un poco de pescado, una tortilla francesa. Y los dulces, si se toman, mejor por la mañana.

Puede ser este un tema que tiene cierta complejidad pero sólo es necesario que relacionemos tres conceptos: ingesta de carbohidratos; cuándo trabaja mejor la insulina y su “incompatibilidad” con la melatonina.

Si tienes dudas o necesitas aclaraciones no dudes en consultar a través de los canales habituales.

Y practica Praeviacuratio!!

Si quieres saber más… https://praeviacuratio.wordpress.com/

Susana Hospital 
Publicado en la Revista RE

Alfredo Rubio de Castarlenas

Mayo es el mes del trabajo y con esa fiesta del día primero dedicado a él.

El trabajo ha tenido desde siglos, junto a algunos elogios, «mala prensa» en general: es una carga, una maldición, cosa de esclavos o de gente poco cultivada. En el mejor de los casos un deber del hombre que hay que cumplir. Para ejercitar el cuerpo las clases elevadas hacían deportes, torneos... Ya en la antigua Grecia, los libres, Olimpiadas.

Alfredo Rubio de Castarlenas

He estado hace pocos días en Almería, la del Índalo (este símbolo bellamente esquemático de un hombre sosteniendo el Sol), en un Congreso que tenía por objeto tomar posiciones humanizantes frente a los nuevos horizontes del turismo. De entre los varios aspectos propuestos, unas ponencias trataban de la recién bautizada «civilización del ocio». Ocio que nos adviene por la reducción del trabajo debido a la robotización y a la informática. Ocio lleno de repercusiones en el modo, tiempos y frecuencias de este moderno fenómeno del turistear masivo.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Esta sugerente entrevista al Profesor Ruiz Giménez, me ha hecho recordar unas conversaciones que tuve con él en los años 60.

Era yo, por entonces, un miembro del equipo directivo de un «Colegio Mayor» de la Universidad de Barcelona. Seguía, por ello, muy de cerca, los problemas y las vicisitudes de los estudiantes. Habíamos hablado juntos de esos temas.

9510 Autumn plants on the golden field Macro nature wallpaperLa superación de los resentimientos absurdos es la condición de posibilidad para vivir una existencia gratificante, porque los resentimientos envenenan el alma y abren fisuras entre las personas y los pueblos.

Donde hay resentimientos, la vida se torna dificultosa y pesada y el mundo se convierte en una gran carga. Es pesado experimentar resentimiento, porque no sólo es una emoción negativa que afecta individualmente, sino que también afecta al nivel de las relaciones sociales. Es indeseable permanecer al lado de alguien cargado de resentimientos, porque rezuma este malestar más allá de su piel y lo tiñe todo de gris. Quien logra liberarse de los resentimientos, se siente mental y emocionalmente más ágil, deja que la corriente de pensamientos y emociones fluya libremente como un río y la mente deja de fijarse obsesivamente en un punto del pasado. Es más libre, vive con más agilidad. Liberarse de los resentimientos es como sacarse un peso de encima, casi es renacer.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Si el año litúrgico comienza en Adviento, no por eso el año cronológico empieza religiosamente desplazado, pues coinciden sus dinteles con las fiestas del Nombre de Jesús y con la Epifanía, esa proclamación de Jesús al mundo de todas las razas.

En este principio de año, por tanto, sería bueno que los componentes de O.R.S. pensaseis apostólicamente en llevar a Jesús y su mensaje de esperanza a muchas otras mujeres, por una razón u otra, solteras; aunque no sean de nuestra geografía, o ni siquiera cristianas, y que precisamente por esto último necesitan aun más alegría de la amistad sincera, de apoyo, comprensión, ánimo ayuda que tanto cuesta encontrar a veces en la vida.

Gracias por existir“Si la historia hubiera sido distinta…” Muchas veces nos decimos esto. Y completamos con frases como “otro gallo nos cantara”. El caso es que, como suele decirse, el “hubiera” no existe, sirve para imaginar otros escenarios posibles que nos regalarían presentes diferentes.

Existe el ahora, el somos lo que somos y como somos. Existe un solo presente.

La historia es siempre una recapitulación de hechos, a partir de unas fuentes, que se hace en presente. Siempre es una mirada hacia el pasado, pero con raíces en el ahora.

(Claro está que podemos estudiar cómo concebían su historia y su presente, personas del  pasado. Y esto sirve para contemplar que los seres humanos accedemos al pasado desde nuestro propio presente).

Una de las características de la arquitectura gótica son sus bóvedas. Son cuatripartitas y muchas de ellas concentran sus fuerzas en un elemento central llamado “clave de bóveda”. Es un elemento clave, como su nombre dice. Por su etimología, clave es una palabra emparentada con llave, claustro, clausura… palabras que aluden a lo que cierra. La clave de bóveda concentra o encierra la fuerza de la bóveda.

Pero las claves de bóveda también cumplen otra función. Muchas de ellas son trabajadas escultóricamente para dar mensajes. Ya sea un escudo, una escena o la imagen de un personaje con ciertos valores. Todos estos motivos también se convierten en claves o mensajes que encierran y a la vez abren la comprensión hacia otras lecturas.

Este paseo por el gótico nos sirve para contemplar que en el presente también hay claves que nos abren la comprensión del pasado. Dichas claves están ahí, colgando ante nuestros ojos. Encierran o concentran las fuerzas del devenir y en ellas se han ido esculpiendo, con el tiempo, las iconas o imágenes que condensan los acontecimientos sucedidos.

Hay que pasearse por el presente con ojos atónitos. Contemplar los acontecimientos, leerlos pausadamente. En ocasiones releerlos varias veces, como cuando nos enfrentamos a un autor nuevo y se nos escapan algunos de sus conceptos. Recurrir a diccionarios o voces expertas en la materia para entender el sentido de las cosas.

Se nos dice muchas veces que hay que entender el pasado, conocerlo, para comprender el presente. Propongo el ejercicio inverso. Leamos el presente, descubramos en él las claves que nos remonten al pasado. Como cuando vamos quitando capas de cebolla, lo hacemos de afuera hacia adentro. Al revés es imposible.

Mirémonos en el espejo, personalmente y colectivamente. Debajo de cada rasgo actual, hay uno anterior que lo ha hecho posible. A cada característica de nuestro presente le ha precedido otra concreta, sin la cual no existiría.

Somos seres concretos, fruto de un pasado también concreto sin el cual no existiríamos. Tener esta conciencia de progresión nos arraiga fuertemente al presente y nos hace aceptarlo tal como es, aceptando consecuentemente el pasado que lo ha hecho posible. Solo tenemos un presente: el que estamos viviendo. Y sobre él sí que podemos incidir. Esto es la base de la libertad.

 Revista RE, Septiembre de 2017

Ámbito de Historia