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Alfredo Rubio de Castarlenas

Es un tópico –pero muy real– que, en gran medida, los benedictinos han contribuido a hacer Europa. Desde el siglo VII, este Continente se iba poblando de monasterios que luego, como avanzadillas, se desplegaban en forma de abanico hacia el Norte, desde Inglaterra a Polonia, llegando a los Países Escandinavos.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Una reciente Cena Hora Europea ha seguido un vívido recuerdo y homenaje al ejemplarísimo Dr. Jordi Gol, que nos dejó hace poco, tan repentinamente. Se trató un tema muy entrañablemente suyo. Había escrito en un libro: «hoy no sabemos muy bien qué es ser médico mientras nos vamos volviendo estrictos técnicos y nos olvidamos del hombre». A él, le gustaba definirse «médico de personas».

Hoy está surgiendo el revival del “médico de familia” como un avezado y cordial director de orquesta de este concierto –o desconcierto– de tantos especialistas y especialidades. Se le pide que abarque totalmente al enfermo; que escuche, ausculte, su profundidad humana. Que sea a la vez preventólogo e intensificador de la misma salud; que conozca no sólo al paciente, sino también su entorno.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Cuando los europeos descubrimos que había tierras al otro lado del tenebroso Atlántico, se acabó la que peyorativamente se dio luego en llamar le Era Medieval y se inició lo que los historiadores –llenos de Renacimiento– denominaron la edad Moderna a pesar de que en muchos aspectos era un retorno a la antigüedad clásica. Pero, esa edad Moderna terminó con la Revolución Francesa y el fenómeno Napoleón y dio paso, a su vez, a una nueva época que engoladamente, hemos llamado Contemporánea. Como si después de nosotros ya
no fuera necesario inventar otros nombres para la Historia. Pero si grandes fueron aquellos acontecimientos de Colón, de Américo Vespucio y Juan Sebastián Elcano, no son menos grandes o más significativos aún y de mayores consecuencias, esa culminación técnica –y trágica– que representa la bomba atómica así como que el hombre pusiera tan felicísimamente su pie en la Luna.

Alfredo Rubio de Castarlenas

El sacerdote hispano habla sobre el realismo existencialista, doctrina que él creó y sobre la cual de conferencias en todo el mundo.

Sacerdote, doctor, profesor, filósofo, investigador, científico y ser persona muy agradable, son algunas de las ocupaciones que ha tenido en la vida el señor Alfredo Rubio.

Él vive en España, pero vino a América para dar una serie de conferencias en la Universidad de Santo Domingo. Estas pláticas son acerca del aniversario por el descubrimiento de América.

En el rellano
de la escalera
hay un gran Nacimiento
con ángeles y estrella.

Alfredo Rubio de Castarlenas

La artesanía implica una añadidura, o más bien, una médula de arte, en la fatiga y en el esfuerzo del trabajo. Por tanto, una emoción creadora, una unción religiosa y una sorpresa ante la obra bien hecha, meticulosamente acabada.
Cuando en una obra se da la conjunción de un sumo valor intrínseco de la misma –por su materialidad y finalidad– junto a la experta y amorosa mano del artífice, estamos en presencia de una obra maestra.

Alfredo Rubio de Castarlenas


El espejo era un adminículo más para afeitarme, como la máquina eléctrica o la loción «after-shave».

Pero hoy me fijé en mis ojos. Me miré como cuando uno mira a los ojos de otra persona, poniendo en esta mirada el alma y estableciéndose con «ese otro» una conversación profunda sin necesidad de palabras. Hoy, sin saber por qué, me he mirado así. He establecido conmigo mismo un diálogo hondo que me ha llegado, con cierto escalofrío, a la misma consciencia.

Enterradme de pie.
Me dicen que habrá tanta gente
que faltará tierra a la tierra.

Enterreu-me d´empeus,
Diuen que hi haurà tanta gent
que mancarà terra a la terra.

si; enterreu-me d´empeus.
No vull pas disputar als vius uns pams
de superfície.
També podran ser ben bonics
uns cementiris verticals
com gratacels immmobils
xipresos de ciment!

Alfredo Rubio de Castarlenas

Esa sola palabra, ya de niños, ponía en alegría nuestra vida, ¡la fiesta!, sensación de que se acercaban unos ratos seguros de felicidad.

Se dice: es fiesta; vamos a una fiesta; ¡organizamos una fiesta!... Todo eso es, en efecto, una dimensión vital y constante de nuestra existencia. Lo afirman los psicólogos. Lo saben los sociólogos. Todas las religiones dicen también llevarnos a una festiva plenitud trascendental.