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Alfredo Rubio de Castarlenas

Redescubrir la vida, pero más profundamente. Y para ello las ciencias antropológicas se han dado cuenta de que deben trabajar interdisciplinarmente entre ellas y con las otras ciencias. Cada científico debe aprender los códigos de lenguaje que emplean los de otras ramas del saber, pues ¡cuántas veces las mismas palabras tienen significados diversos en una ciencia u otra!

¡Pobre noche!
¿qué han hecho
contigo?
Me traes a jirones
tu enagua de alborada.

Pobre noche, que ayer
cuando ya por la tarde atardecía,
te ibas lenta acicalando
con collares de estrellas
y medallón de Luna
bien bruñida y dorada
sobre tu mejor vestido de terciopelo
azul oscuro
sin mota de polvo ni mancha.

Pero luego, la gente sin sentido,
con sus anuncios de neuróticas
bombillas de colores estridentes
que sin cesar se encienden y se apagan,
oscurece la fina luz
de tus brillantes
y tú
¡ya no los palpas!

Los ángeles caídos
motorizados,
ruidosos,
como cuchillos rasgan
tus silencios preñados
de altísimas palabras.

Y gritos de hombres ebrios
en vanos soliloquios
que pisan sin mirar
esos volantes con encajes
hechos con luz de luna en las aceras
que tú, con gracia, arrastras.

¡Oh noche recoleta!
que te usan de mercado vocinglero
vendiendo amores de latón
y grotescas caricaturas de alegría
mientras otros ofrecen
mil alquimias exóticas
que sólo dan
fugaces sueños irredentos.

¡Qué saben los noctámbulos
que van por cuchitriles
del profundo misterio de tus flores
–jazmines, madreselvas–,
del olor de tus pliegues
–menta, hierbabuena, marialuisa
y mejorana–
que exhalan doble cuando oscuro
por tapias y senderos!

Noche ¡amiga de la infancia!
te van pisoteando
la cola de tu traje
de novia errante.
Y hasta tu escote
mancillarían
si pudiera ser su locura
tan alta.

Tengo mi buena amiga
que rescatarte.
De tanto frenesí vacío
tanta frivolidad
con que te manosean
tus tobillos de nardo
por mostradores
de Pubs,
callejas desdentadas
o en espectáculos que hieren
tu dignidad
mayor que sobrehumana.

Noche hermosa para mirarte
de ojos sin fondo, garzos
que sugieren preguntas
de difícil respuesta.

Yo vivo, sí;
pero tú, di quién eres de verdad.
¿Cuál es tu nombre exacto?
¡dónde naciste?
¡qué buscas incansable
día tras día?
¡por qué vuelves a mí
tan puntualmente
cuando al final de cada tarde
suenan a fiesta y a descanso
los relojes de cuarzo puntualísimos!

¿Quieres que te acompañe
por barrancas y soledades
o a pasear
con tu talle enlazado
por la húmeda orilla cadenciosa
del mar?
Allí donde tu camafeo
de Luna
se hace de plata.

Noche ¡vente conmigo!
lejos de la ciudad
¡deja que te rescate!
Te prostituyen,
te venden, te aniquilan,
comercian con tus horas,
manipulan tus sombras tan suaves
para perseguir y asaltar
con abiertas navajas.

Hay gente, ¿sabes?, que se muere
en las esquinas
cuando te duermes arropada
en las sábanas nuevas
que el Sol te extiende tan solícito
por tejas y terrazas.

Sí, noche.
Hoy, aún es pronto.
¡Huyamos lejos!
donde no te maltraten; donde todo sea
silencio perfumado
y luz de tus collares.
Sólo tu voz
–susurro de la brisa–
que se torna caricia cuando roza
la piel.

Nos miramos
muy despacio en un lago.
Luego allí cerca, en la hojarasca,
los dos nos dormiremos
y soñaremos a la vez,
lo mismo
hasta que canten
lejanos gallos
y los perros le ladren
al alba
para darnos el tiempo necesario
para que huyamos otra vez
a refugiarnos
bajo la luz.

Y nos citaremos de nuevo
¡oh noche amiga de mi alma!
para hablarnos a solas
y, si más no, a sentir la delicia
de ir muriendo juntos
a cada madrugada.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Alfredo Rubio de Castarlenas

Acercándose el 1992, nosotros deseamos recordar tan sólo el comienzo de la Evangelización en un Continente que antes era inalcanzable para los apóstoles de Cristo.

Dejemos a los historiadores que investiguen, desapasionados, los hechos tanto de la historia precolombina como la posterior. Pueden ayudar a que los hombres hoy, no cometan de nuevo los errores o desafueros que hubieron en sus historias.

Esta semana hemos tenido un pequeño susto. El jueves por la mañana al abrir nuestros locales nos dimos cuenta de que durante la noche habíamos tenido visitas inesperadas. Algunas puertas habían sido forzadas y los despachos revueltos. Parece que tenían prisa y buscaban dinero, aunque no tuvieron buena vista. Se han llevado alguna cosa de valor, un poco de metálico y poca cosa más. Eso sí, nos han dado trabajo para toda una semana si queremos volver a poner cada cosa en su sitio. Después del trabajo que nos han ocasionado, esperemos que realmente necesitaran esos céntimos.

Una vez superado el disgusto me he parado a reflexionar. ¿Cuántas cosas de valor nos han robado en esta vida? Ciertamente las cosas materiales tienen su importancia, pero no son, ni mucho menos, las más importantes. Hay cosas que nos duelen mucho más y que nunca más podremos recuperar. ¿A cuánta gente le han robado la infancia? ¿A cuánta gente le han robado el poder vivir en paz? ¿A cuántas personas les secuestraron un tiempo de su vida y nunca jamás lo han podido recuperar? ¿Y los que se quedaron sin estudiar, formarse o trabajar? ¿Cuántas cosas se dicen frívolamente y roban el buen nombre de las personas y de las instituciones? ¿A cuánta gente le han robado el entusiasmo, la alegría y las ganas de vivir? O simplemente, ¿cuántas veces en este mundo nos han robado la ternura?

ternuraY lo más grave es que no sabes a quién denunciarlo. Te queda la sensación de que se ha perdido alguna cosa importante de tu vida para la que no hay recambios. Lo más grave es que la pérdida de estos bienes nos deja una huella que arrastramos durante muchos años y algunas veces toda la vida. ¡Cuántas personas conocemos que sufren y hacen sufrir a los demás porque les han negado aquello que tenían derecho a recibir! ¡Hay tantas maneras de robar! Puedes coger lo que no es tuyo o, simplemente, no dar lo que le corresponde al otro.

Todo esto me ha recordado a la Madre Teresa de Calcuta, que pasó muchos años de su vida devolviendo a la gente pobre de Calcuta todo lo que la sociedad les había robado. Incluso si les habían robado la dignidad humana, la Madre Teresa se la devolvía con lo poco que ella tenía: un poco de comida, un vestido, una cama, pero, sobre todo, tiempo, cariño y mucha, mucha ternura. Osaba acariciar a aquellos que habían estado abandonados en la calle, para que, volviendo a sentir el amor, reencontrasen lo que sus familias, sus amigos y tantas personas les negaron. Cuando no te quieren amar te roban lo más preciado y te dejan totalmente desamparado. Ella les ayudaba a volver a sentirse personas valoradas y amadas por alguien. La Madre Teresa no preguntaba, sabía muy bien que toda persona por el hecho de existir es digna de ser amada. Y se lanzó a la aventura de devolver la ternura y la estima robada a los más pobres y desamparados. No quería que muriesen sin saber que Dios es amor y que este amor pasa por las manos y los gestos de los seres humanos.

Tendremos que actualizar el séptimo mandamiento y sobre todo aprender a devolver a nuestros hermanos aquello que les han robado. No hace falta que yo haya sido el ladrón, cuando te das cuenta de que te sobran tantas cosas no te puedes permitir el lujo de juzgar a los otros. Sólo puedes tomarte la vida en serio, no perder el tiempo en quejas inútiles y generosamente, dar a los demás, lo que en justicia se merecen.

Jordi Cussó Porredón

Publicado en la Revista RE

Alfredo Rubio de Castarlenas

Alfredo Rubio escribió mucho a lo largo de su vida. Sin embargo, en su último mes tan sólo dictó lo que él llamo «dichos al paso». Muchos de estos comentarios se refieren al buen hacer casero que él mismo practicó especialmente esas semanas. Presentamos uno de ellos.

Se decía: «Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio». Pero esto no basta. Ya hemos añadido algo importante sin lo cual lo dicho primero no sirve para nada, y es lo siguiente: «un tiempo para cada cosa y cada cosa a su tiempo». Si esto no se hace, por mucho lugar que tengamos a nuestra disposición, las cosas nunca estarán en su sitio y tontamente se generará el caos. Pero ahora añadimos otra cosa previa, sin la cual también sería inútil lo segundo dicho de «un tiempo para cada cosa y cada cosa a su tiempo».

Carles Capdevila contribuir leducacio ARA 1465663593 3964355 651x366Digámonos cosas bonitas

Cuando hablo en algunas charlas de "vivir con humor", no quiero decir que riamos todo el día. Ni se puede ni se debe. Tener humor significa tener moral, y tener moral significa tener valores. Estar de humor significa tener una buena disposición, ser positivo. Si encima la ironía nos acompaña, encontraremos complicidades y sonrisas o risas que nos ayuden a superar malos momentos.

En tiempos difíciles, y los actuales lo son, la actitud marca la diferencia. Y ésta se alimenta de la autoestima, que no deja de ser el balance de cómo estamos con nosotros mismos cuando pasamos cuentas. Tendemos a cargar o descargar la autoestima en función de lo que dicen o piensan de nosotros. Este cargador parece fácil y es engañoso, porque damos demasiado peso a la valoración del otro, que siempre será apresurada o se expresará en superficiales en las redes. En una sociedad competitiva cuesta encontrar elogios personalizados y de verdad, todos vamos bastante atareados.

Hace tiempo que pienso que lo más importante, lo más decisivo, lo más transformador, es lo que nos decimos a nosotros mismos. Del mismo modo que si nos gustamos en el espejo ese día saldremos con más ánimos en la calle, es bueno trabajar otro espejo, el interior, y no preguntarle quién es más bonito, sino decirnos cosas bonitas. No se trata de halagarnos ni engañarnos, que tratándose de nosotros mismos no colaría. El ejercicio es más serio. Cada día de nuestra vida tiene dos versiones, la cara A y la cara B. Y como está de moda la queja, y pensar que los demás tienen más suerte y nunca recibimos lo que merecemos, solemos meternos en la cama cargados de reproches contra el mundo. Si piensas bien y lo trabajas, cada día te ha llevado cosas buenas, aprendizajes enriquecedores. Y si los vas recordando, si construyes un relato cierto sobre la parte positiva de lo que te pasó ayer, saldrás a afrontar el hoy con más ganas.

Último artículo publicado por Carles Capdevila en la contraportada del Ara.cat, el pasado 28 de mayo.

 

7 16 hDignidad de la persona por el hecho de existir.

Los distintos aspectos que abarca la dimensión de lo social son muy amplios y complejos. El instrumento del realismo existencial posibilita, como si fuera un telescopio o una lupa, acercarse a cada una de estas situaciones fijándonos en un pequeño punto de mira para, al ampliarlo, poder ver con más detalle cada realidad, que por ser real “existente”, merece ser contemplada  detenidamente.

En muchas ocasiones hablamos genéricamente, personas negras-blancas, ricas-pobres… y en esas definiciones queremos englobar a todos los que por algún motivo tienen alguna característica que los  asemeja. Pero la realidad nos hace ver, incluso dentro de cada definición, qué diferentes  somos unos de otros.

En cambio si nos vamos a la raíz de todo ser humano, todos tenemos algo que nos iguala y es que hemos sido engendrados para que podamos llegar a existir, tenemos un igual inicio: un óvulo ha sido fecundado por un espermatozoide, ya sea a través de un acto de amor de nuestros padres, ya sea a través de una fecundación in vitro o seamos fruto de una violación. Todos tenemos un inicio que merece total respeto y dignidad, los cuales prevalecen en el ser, por el mero hecho de existir.

La dignidad humana es el derecho que tiene cada ser humano, de ser respetado y valorado como ser individual y social, con sus características y condiciones… como nos dirán algunas definiciones.

Ahí está el quid de la cuestión. En muchas ocasiones, lo que nuestras percepciones y posteriores definiciones muestran, esconden lo más fundamental, que es que por el hecho de existir toda persona es digna de ser respetada,  incluso como nos dice el realismo existencial, amada.

Cuanto más interiorizada tengamos esta evidencia y favorezcamos  actitudes que  posibiliten que toda persona se sienta reconocida en su total dignidad, ayudaremos a alcanzar una convivencia más saludable y armónica ya sea en el ámbito familiar, laboral o social.

En una ocasión viví una experiencia que me lo hizo ver con claridad. En una casa donde estaba pasando unos días, vi en un momento dado, que se estaba preparando con mucho esmero una mesa para ofrecer una comida a unas visitas. Todo era muy sencillo, pero cálido y lleno de delicada belleza. Llegaron los invitados, un matrimonio un poco mayor. Se les atendió con tanta atención y cariño que pensé eran alguien importante. Ellos respondieron con igual calidad humana. La conversación fue cálida y hasta divertida, pero sin estridencias. Con el tiempo me propusieron ir a visitar a esas personas a su casa, y cuál fue mi sorpresa: eran una pareja de indigentes. En esas personas había tal dignidad, que podían estar en cualquier estrato de la sociedad. Ellos merecieron todo mi respeto y los sigo recordando como un icono de la dignidad de toda persona humana.

Revista RE, Noviembre 2017
Por: Montserrat  Español Dotras   Foto: Esther Borrego

Alfredo Rubio de Castarlenas

El Derecho vigente en la mayoría de los Estados occidentales tiene su origen en el Derecho romano y siguen, en gran parte, basándose en él.

Y habría que discernir mucho.

Deberíamos recordar que aquel Derecho surge en una sociedad en que los ciudadanos libres poseen una gran cantidad de esclavos, es decir, individuos que, precisamente, no tienen ningún derecho. ¡Qué fácil es así organizar una estructuración institucional de derechos entre unos selectos, una «elite»! Se cita por los historiadores que en algún estado-ciudad para trescientos mil ciudadanos había tres millones de esclavos. Por otra parte, el Derecho casi siempre lo han elaborado los vencedores, los más fuertes, y lo han redactado principalmente para su conveniencia y gloria. Por ejemplo, ¡cuánto defienden a rajatabla el derecho a la propiedad privada!

Alfredo Rubio de Castarlenas

El Consejo de Ministros ha vuelto a poner sobre la mesa el tema del divorcio civil. Junto al problema de la despenalización del aborto, son dos cuestiones que el español medio tiene planteadas con gran preocupación por su trascendencia en la familia.

El Presbítero Alfredo Rubio de Castarlenas, doctor en Medicina, profesor de Teología Moral de la Facultad de Teología y ex profesor moral de la Facultad de Medicina de Barcelona, aborda ambas cuestiones con sus conocimientos como teólogo y médico.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Hay tiempos en nuestra vida en que la esperanza es fácil. Son períodos, podríamos decir, de Navidad en nuestro corazón. Cuando uno es joven y la vida está por delante, todo es esperanza. A veces, incluso, se tiene la alegría de saber que esta esperanza se verá, con mucha probabilidad, colmada de realidades.