Biblioteca Digital

Hoy es tu Santo, Tante bien querida

de todos en la Casa de Santiago.

Por esto, un Soneto yo te hago

ahora que la Luna está encendida.

 

La Fiesta del Dolor ya convertida

en esplendor de Gloria, sin amago

de sufrimientos, hecha toda un lago

que tan sólo refleja Cielo y Vida.

 

De Casablanca ya joyer (?) de Fez

viniste para hablarnos de mil modos

con alma y mano firme a la vez

 

envuelta en luz y suavidad de guante.

¡Bien has sabido aconsejar a todos

al buen albur del corazón, oh Tante!

 

Alfredo Rubio de Castarlenas

Alfredo Rubio de Castarlenas

Los europeos andamos hoy como pasmados, perplejos. Deseábamos ser por fin algo unido, para superar siglos de guerras intestinas, que hoy vemos anacrónicas cuando el mundo se hace aldea, por las comunicaciones, los «mass media», la informática, la ecología y la contrapartida de la peligrosidad global de los armamentos. La desestabilización de Yugoslavia –donde se produjo la chispa de la Primera Guerra Mundial– y la caja de sorpresas de la URSS, ponen en peligro nuestros sueños.

Los gobernantes parece que no saben todo a tiempo para prevenir ni encauzar los acontecimientos. Siempre el ser humano es aún bastante imprevisible.

Los ciudadanos de a pie, al parecer, aún podemos hacer menos. Sin embargo... todos estamos llamados a poner nuestro generoso esfuerzo en conseguir que haya paz.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Difícil tema el de la «convivencia», eso que todos tanto deseamos y que tan mal llevamos a cabo. Son innumerables los problemas de comunicación que se dan en los pequeños grupos humanos. Y hasta resulta a veces duro convivir cada uno consigo mismo.

Si no somos capaces de coexistir felices unos con otros, en primer término es porque uno no acaba de aceptarse tal y como es. Vale la pena que insistamos en ello, ya que es la base de toda convivencia armoniosa. Me permito, pues, preguntar al posible lector o lectora de estas líneas. ¿De verdad estás conforme con ser quien eres? ¿O querrías ser otra persona más parecida a ésas que por algún motivo admiras o envidias?

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Nuestra razón, por ser nuestra, es limitada. Límites que son fruto de nuestra contingencia. No éramos, podíamos no haber sido y, aunque ahora seamos, de nosotros no fluye el seguir siendo. (Los cristianos que afirman el «alma», reconocen que ésta, si no fuera sostenida por Dios, se aniquilaría).

Es bueno que ejercitemos nuestra razón todo cuanto podamos para la investigación y la creatividad. Pero ella siempre topará con el misterio en las cosas, en los otros y en el fondo de uno mismo. Si ahora hay algo, siempre habrá habido «algo» pues la nada, nada es y nada hace. Pero nunca podremos comprender del todo ese algo y mucho menos explicar por qué existe algo en vez de nada.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Durante los últimos milenios, ha predominado, como base de la sociedad, la prepotente familia patriarcal en versión más o menos amplia, y aún perdura, con sus luces y sombras, en grandes partes del mundo. Forma conveniente al nomadismo y a la cultura ganadera, lo fue también para la era agrícola, engendradora de patrimonios aún más dilatados y estables. Esta organización familiar se fundaba sobre todo en la consanguinidad. Con gran frecuencia, era, a la vez, empresa económica de ámbito doméstico para la supervivencia y desarrollo de sus componentes. Incluso los desposorios eran determinados, generalmente, más por los intereses mutuos de las respectivas familias que por el amor de los propios contrayentes.

Por mí, Jesús, tomaste mi sudario;
de Criador, te hiciste criatura,
¡sacro torrente de infinita altura
que al chocar con la roca del Calvario

En el día de San Francisco


No quiero, no, permanecer de hinojos
que dijiste querías fuera amigo.
Igual que Juan, deseo estar contigo
mis ojos a la altura de tus ojos.

México, Nuevo Belén
este año para ti.
Nace aquí Jesús también.
Has venido de muy lejos,
de Oriente como otro Rey.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Se viene hablando mucho del «Quinto Centenario» del mutuo encuentro con ese continente que luego llamaron América.

Las diversas ideologías, tantas veces enfrentadas entre sí, al igual que las múltiples políticas con variopintos intereses contrapuestos, quieren manipular esta conmemoración, desde sus puntos de vista y conveniencias.

Se comprende. Estamos en un mundo de rivalidades y luchas y por ello esos forcejeos son incluso previsibles. Pero ese histórico hito creo que es –por encima de las discusiones con los italianos sobre Colón, glorias ibéricas o lamentos y virtudes indigenistas– una gran fiesta de la Humanidad toda.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Hace pocos días, invitado por unos amigos, estaba en un hotel maravilloso de uno de estos pueblecitos de montaña andorranos que, en invierno, son base desde donde ir a esquiar a las diversas pistas vecinas y ahora, en verano, son jolgorio, descanso, piscina y tenis.

La última noche asistí al reparto de trofeos de un campeonato de este deporte que se había organizado entre los huéspedes del hotel, muchos de los cuales se conocían de anteriores veranos. La copa principal se la llevó un joven catalán, y la de juniors un simpático treceañero francés. En los inevitables parlamentos de esa fiesta, entre pasteles y sangría, se recordó la frase del ex presidente de un club de tenis de Sabadell: «Viajando con una raqueta bajo el brazo, encontrarás siempre por todo el mundo, un amigo» Yo estaba encantado de ver, vivir, aquellos momentos de buenas relaciones y armonía entre los abundantes ibéricos y galos que compartían el hotel.