Opina entorno al V centenario de la Conquista

Alfredo Rubio de Castarlenas

Sr. Director:
El tema de la paz, dentro de las celebraciones del V centenario, tiene que ser nuestro único deseo. Ni caer en airadas reacciones ni en conmemoraciones vanas. O servimos a la paz y a la alegría de la convivencia de todos o se estaría perdiendo el tiempo y las energías.

Recordemos una vez más, que ni nosotros ni nuestros contemporáneos de todos los países no tenemos culpas ni glorias de lo acaecido en épocas pretéritas. Sencillamente porque no existíamos. Si que hemos de estar muy atentos en no repetir hoy las injusticias que pudieron haber, así como también subsanar en todo lo posible las consecuencias negativas actuales de aquellas. Liberados, pues, de absurdos prejuicios y rencores, colaboremos juntos los de las dos orillas del Atlántico para construir una sociedad mejor para todos.

Naturalmente que las instituciones, las cuales si perduran por medio de los siglos, deben pedirse mutuamente perdón de los desafueros que sus componentes y representantes cometieron antaño. Los actuales son los que pueden, unos a otros, manifestarse este sentimiento, lo cual allanaría la verdadera amistad y la confianza entre los distintos pueblos. Ciertamente, el hecho del mutuo descubrimiento de los dos continentes es un recuerdo y una fiesta para toda la humanidad.

Dados los adelantos en la investigación europea a finales del siglo XV, era imparable que europeos, fuesen los que fuesen, llegasen a este continente que aún no tenía un nombre global. Debido al contexto de la época habrían ocurrido luchas y conquistas semejantes o peores. Valga como ejemplo la conquista anglosajona de su parte norte.

Hemos de reconocer con humildad óntica, que si la historia hubiera sido distinta, todos los acontecimientos y encuentros personales hubieran sido diferentes. Y hoy existirían otros europeos y otros americanos, pero ninguno de nosotros. Además, hemos nacido sin hacer ningún daño a nadie porque los que hubieran existido en otras circunstancias, sencillamente no existen en sí realmente en ninguna parte.

Ojalá también que este hemimilenario despertara el interés de investigar lo más posible, con todos los medios que las ciencias nos ofrecen hoy, aquella gran epopeya que realizaron los auténticos descubridores de América –en el más estricto sentido de la palabra–, o sea, aquellos hombres y mujeres que por el estrecho de Bering, o por el Pacífico o por la Antártida, llegaron desde Asia hace más de 35 mil años, según parece.

Esperamos que al ahondar en una visión realista del V Centenario, nos ofrezcan positivas consecuencias. De la conmemoración de este entrañable encuentro, sólo deseamos que surjan contribuciones que nos lleven a la paz y al gozo de existir.

Publicado en:
El Excelsior, de México, abril de 1992.

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