El sillón roto

Alfredo Rubio de Castarlenas

Llevaron al niño a visitar a su abuela para que viera el estirón que había dado al rondar los siete años.

Aquella vivía en una casa grande, con buenos y bellos muebles antiguos, cuando menos del siglo pasado.

Saludos, besos, golosinas... Mientras sus padres hablaban con la abuela, el niño, correteando, descubrió que uno de los sillones isabelinos de la sala estaba desfondado, quizás porque había sido el más usado por ella durante largo tiempo para ver la televisión. Las tiras de esparto colgaban y asomaban las espirales metálicas de los muelles.

Fue presuroso a la abuela y le señaló la butaca:

– ¡Mira! Hay que tirarla. Está rota.
La abuela sonrió y, acariciándole el pelo, le dijo:
– Sí; ya sé. Avisé al tapicero. ¡Pero ahora tardan tanto en venir!
– ¡Bah! tírala; hace muy feo.

***

Otro domingo volvieron a visitarla.
La abuela, al ver al niño, hizo una mueca de desagrado y exclamó:

– ¡Oh, qué feo! ¡Este niño habrá que tirarlo al container de la basura!

Sus padres quedaron sorprendidos. ¿Se ha vuelto loca?, pensaron. El niño quedó irritado:

– ¿Por qué dices esa tontería, abuela?
– ¡Oh, se te han caído los dientes! Se te ven las encías, ¡las tripas! Sí, sí, qué feo. Tiradlo a la basura.

De pronto, sonriendo y sacando fuerzas de flaqueza, cogió al niño en brazos y, besándole, continuó:

– ¿No decías tú eso de mi sillón?

El niño se mordió los labios... la abuela añadió:

– ¡Pues yo no te cambiaría por nada del mundo, aunque se te vayan cayendo todos los dientes y te pongas muy feo! Además... no lo olvides nunca: quien no sabe valorar, cuidar, conservar las cosas con cariño, tampoco sabrá hacerlo con las personas. ¡Y ya ves! Aunque no te lo parezca tanto, yo estoy por de ntro mucho más vieja y estropeada que el sillón... Y tú, sin embargo, me seguirás queriendo, ¿verdad?


Publicado en:
Ancora, marzo de 1991.
Diario de Terrassa, agosto de 1991.
Diari d’Igualada, agosto de 1991.
La Montaña de San José, septiembre de 1991.
Poble Andorrà, septiembre de 1991.
La veu de l’Anoia, octubre de 1991.
Ancora, octubre de 1991.
El Magisterio Español, noviembre de 1992.

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