Alfredo Rubio de Castarlenas

¿Vacaciones para descansar de la fatiga acumulada por el trabajo intenso, los exámenes, el stress...? Este descanso puede ser un apetecible objetivo al principio de las vacaciones.

Tal como está la vida, ese relax puede ser incluso una finalidad ineludible. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que descansar es cambiar de ocupación, de ambiente, de preocupaciones.

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Esta noche, Señor, de pronto
la nada se abrazó a mi cuerpo.
Y me ahogaba, Señor...
¡Cómo pesa la nada!

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David Martínez García

EDITORIAL OCTUBRE 2016 red

¡Cuántas veces hemos oído y utilizado la expresión “carpe diem”!

Literalmente significa “tomar el día”. Normalmente la asociamos a las expresiones: aprovecha el tiempo y no confíes en el mañana, o vive cada momento de tu vida como si fuera el último. Estas expresiones incorporan en sí mismas toda una ideología sobre lo efímera que es la vida. Una forma de vida popularizada en la película “El club de los poetas muertos”, protagonizada por Robin Williams.

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Y yo, me moriré
y las grandes peras de agua
cada septiembre
irán llenado de maravilla
la boca de los niños. 

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Estos hechos me fueron referidos por una amiga radicada en otro país. Soy yo quien les da la forma narrativa, pero no me pertenecen. Sin embargo estoy convencido de que vale la pena compartirlos. Mi amiga me llamó para vernos después de un año de ausencia y me contó en primera persona lo que sigue.

Chico adolescentered

«Sólo ahora me siento capaz de dar forma a esta historia, después de seis meses de intensas conversaciones, silencios repentinos, decenas de alarmantes mensajes de móvil y más de una noche en blanco. En cierto modo tenía desde el principio un final feliz; pero su protagonista está en el laborioso proceso de descubrirlo, esquivando los muchos obstáculos que tiene para ello. Se trata de un joven de 16 años que hasta hace poco tiempo tenía lo que puede llamarse una vida normal. Vamos a llamarlo Arturo. Aficionado al cine, deportista ocasional, genio de las tecnologías, buen chico y muy amiguero. Tengo con sus papás una sincera amistad desde antes de que se casaran, y sé bien la terrible frustración que los asaltó cuando supieron que no podrían engendrar hijos. Decidieron recurrir a la procreación asistida, que falló varias veces hasta que “adoptaron” un embrión congelado perteneciente a una pareja que, al haber engendrado en el primer intento, no necesitaba el resto de sus embriones. El embarazo, para sorpresa del equipo médico, transcurrió más o menos normalmente. Arturo nació prematuro y con bajo peso, pero sano y pujante. Vivió. Y al crecer se fue granjeando el cariño de todos los amigos de la familia.

Cuando cumplió 16 años, siendo un jovencito despierto y más maduro que el resto de sus compañeros, sus padres pensaron que merecía conocer la verdad sobre su origen. Aquella noche, dijo su madre, es como si le hubieran dado un mazazo en la cabeza. Estaba aturdido y el impacto no le permitió reaccionar. Ellos lo miraban preocupados, sin saber si seguir hablando o callar. Durante varios días pareció volver a la normalidad, pero evitaba las conversaciones prolongadas, parecía más ausente y distraído que de costumbre. Una noche llegó a casa muy tarde, casi de madrugada, ebrio y sucio. Me llamaron y fui de inmediato.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

¿Por qué estas exclamaciones? Porque allá por los años treinta del siglo pasado – o sea, hace unos ciento cincuenta años– ese artilugio perfeccionado posibilitó el magno descubrimiento de que el varón no era el semidios que portaba en sí los hijos en semilla y que los sembraba en la mujer, que era como la madre tierra al igual que el que esparce granos de trigo. No. Resultaba que el hombre era solamente portador de media semilla. Y la mujer no era tan sólo tierra más o menos fecunda o baldía, sino que ella portaba también otra media semilla.

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Jaume Aymar Ragolta

 

foto editorial juliol red

Desde un tiempo para acá y posiblemente como herencia de la filosofía positivista francesa, se utiliza mucho en el lenguaje culto y estándar, la imagen del escenario para designar los parámetros que definen una determinada situación: en el actual escenario, imaginemos otro escenario, de todos los escenarios posibles, etc. Es una figura expresiva, pero a la vez reveladora de una forma de auto comprenderse en el mundo. Un escenario suele ser una construcción artificial. Lo que en él se presenta, acostumbra a ser un relato de ficción: una comedia, una tragedia, un dramaEs fácil comparar la vida con alguno de estos géneros, como lo hizo Calderón del auto sacramental El gran teatro del mundo(1641). Es cierto que, de alguna forma, todos representamos un determinado papel en la vida, pero también lo es que de vez en cuando conviene sacarnos la máscara y mostrarnos tal como somos: contingentes, finitos y moridores. Insistir solo en el espacio vital entendido como escenario parece que nos condicione a representar un papel.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Deseamos la libertad desde pequeños, aún antes de conocer esta palabra. ¿Quién no? Deseábamos ir a la escuela cuando quisiéramos. Jugar... o que no nos despertaran hasta despertarnos.

Luego, aprendimos esta palabra de tres sílabas que, por ser aguda en su sonido, es como rotunda. Tanto que la última sílaba de ella vale por dos si está al final de un verso. El contenido de la palabra nos resultaba, sin embargo, un poco abstracto y un mucho confuso. Demasiado metafísico a la vez que en exceso psicológico.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

La ontología es, propiamente, una parte de la llamada metafísica. La ontología – tratado del ser– es tan lícita como la matemática. Nuestra razón puede, ciertamente, abstraer aspectos de la realidad. De las matemáticas, por ejemplo, el número. Y estos conceptos podemos transformarlos aún en conceptos más generales, y hasta expresarlos por unas letras, elaborando así una ciencia algebraica: determinar las leyes de las ecuaciones, los logaritmos, los factoriales... Claro está que un matemático que fuera ciego de nacimiento, al aplicar luego las reglas generales de la suma, por ejemplo, a unas naranjas, podría decir: tres naranjas más dos naranjas, igual a cinco naranjas; pero no por ello sabría cómo es la naranja, la maravilla del color oro viejo que tiene esa fruta en medio del follaje del naranjo.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

¿Por qué me hice sacerdote? Ante todo, por la inmensa, desconcertante, gracia de Dios. Empecé mis estudios para el sacerdocio al borde de los treinta. ¿Hora tercia?

¿Cómo llegué a esta decisión?

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