Entrevista a Alfredo Rubio de Castarlenas

Las fiestas de Navidad están envueltas en un recuerdo de lo judío, de Palestina... No es mal momento para invitar a sentarse en una misma mesa, con ambiente cordial y distendido, a personas especialistas en estos mundos que hoy se empeñan en ser tan conflictivos: Israel y el Islam. Por esto, el Ámbito María Corral en la XXXIX Cena Hora Europea; celebrada el pasado mes de diciembre, trató el tema del retorno judeo-árabe a España. Don Alfredo Rubio redactó el texto que se publicó en la convocatoria de la cena para centrar el diálogo. Tomaron parte en él como ponentes: Teresa Losada, doctora en Filología Semítica, árabe- islámica, directora del Centro Bayt al-Thagafa de Barcelona; Mario Muchnik, escritor y editor; y Carles Sentís, presidente-decano del Colegio de Periodistas de Cataluña. Hablamos con Alfredo Rubio que, con su habitual profunda y cálida palabra, nos comenta sus impresiones sobre este coloquio.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Si en un castillo de naipes derrumbamos uno de los lados, casi simultáneamente se derrumba el otro. Europa, desde Yalta, se había convertido en un difícilmente equilibrado castillo de la barajas de naciones. Se contrarrestaban los respectivos frentes fríos o algo cálidos; se oponía la Otan al Pacto de Varsovia, el Comecon al Mercado Común. Manteniendo un pulso, se sostenían mutuamente. No sólo los países del Este.

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Cierro la puerta.
Me quedo solo.
Me envuelvo de silencio.
Cierro los ojos.
Y me tumbo en la alfombra
y a poco...

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Los pueblos, las naciones, consideran que los que forman los pueblos vecinos –o también lejanos– son herederos de lo que hicieron sus antepasados y que repercute a veces dolorosamente en las condiciones del presente. Se magnifican las culpas que se les hace heredar a los hijos de los antiguos enemigos.

Desde pequeños, al estudiar la historia –¡tan manipulada su enseñanza!– se nos inculca un recelo y quién sabe si un odio a nuestros contemporáneos de esas naciones. Esto impide una posible y serena colaboración y amistad con ellos.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Hace un par de Coloquios hablamos sobre el dolor. Ciertamente el dolor es un tema presente y permanente en el devenir del hombre. En aquellos Coloquios se intentaba dar alguna luz desde «la evidencia del mal».

Más tarde, en los coloquios de 1994 sobre la Fe y la Razón, se abordó de nuevo el tema porque nos habíamos dado cuenta de que, con todo lo dicho sobre el dolor hasta entonces, quedaba aún su problemática muy alicorta.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Muchos temen la muerte. Querrían no tener que morir. Sin embargo, viven normalmente. Trabajan y se casan. Tienen hijos. Me parece una contradicción. Si temen y no querrían morir ¿cómo se atreven a engendrar un niño, que al darle vida se la dan inevitablemente mortal? No creo que sea una secreta venganza, tan injusta por otra parte. Ya que me engendraron a mí, yo engendro a otros para que pasen la misma angustia que yo. Esto, además, contradeciría el verdadero amor y ternura que los padres sienten por sus hijos. Más cierto debe ser lo contrario: que a pesar de tener que morir uno ame la existencia y por eso, a pesar de todo, se desea ilusionadamente poderla transmitir a otros. En el fondo puede decirse: ¡qué alegría morir!, eso quiere decir que existo, pues en este mundo sólo no mueren los que no existen.

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Gracias por existir“Si la historia hubiera sido distinta…” Muchas veces nos decimos esto. Y completamos con frases como “otro gallo nos cantara”. El caso es que, como suele decirse, el “hubiera” no existe, sirve para imaginar otros escenarios posibles que nos regalarían presentes diferentes.

Existe el ahora, el somos lo que somos y como somos. Existe un solo presente.

La historia es siempre una recapitulación de hechos, a partir de unas fuentes, que se hace en presente. Siempre es una mirada hacia el pasado, pero con raíces en el ahora.

(Claro está que podemos estudiar cómo concebían su historia y su presente, personas del  pasado. Y esto sirve para contemplar que los seres humanos accedemos al pasado desde nuestro propio presente).

Una de las características de la arquitectura gótica son sus bóvedas. Son cuatripartitas y muchas de ellas concentran sus fuerzas en un elemento central llamado “clave de bóveda”. Es un elemento clave, como su nombre dice. Por su etimología, clave es una palabra emparentada con llave, claustro, clausura… palabras que aluden a lo que cierra. La clave de bóveda concentra o encierra la fuerza de la bóveda.

Pero las claves de bóveda también cumplen otra función. Muchas de ellas son trabajadas escultóricamente para dar mensajes. Ya sea un escudo, una escena o la imagen de un personaje con ciertos valores. Todos estos motivos también se convierten en claves o mensajes que encierran y a la vez abren la comprensión hacia otras lecturas.

Este paseo por el gótico nos sirve para contemplar que en el presente también hay claves que nos abren la comprensión del pasado. Dichas claves están ahí, colgando ante nuestros ojos. Encierran o concentran las fuerzas del devenir y en ellas se han ido esculpiendo, con el tiempo, las iconas o imágenes que condensan los acontecimientos sucedidos.

Hay que pasearse por el presente con ojos atónitos. Contemplar los acontecimientos, leerlos pausadamente. En ocasiones releerlos varias veces, como cuando nos enfrentamos a un autor nuevo y se nos escapan algunos de sus conceptos. Recurrir a diccionarios o voces expertas en la materia para entender el sentido de las cosas.

Se nos dice muchas veces que hay que entender el pasado, conocerlo, para comprender el presente. Propongo el ejercicio inverso. Leamos el presente, descubramos en él las claves que nos remonten al pasado. Como cuando vamos quitando capas de cebolla, lo hacemos de afuera hacia adentro. Al revés es imposible.

Mirémonos en el espejo, personalmente y colectivamente. Debajo de cada rasgo actual, hay uno anterior que lo ha hecho posible. A cada característica de nuestro presente le ha precedido otra concreta, sin la cual no existiría.

Somos seres concretos, fruto de un pasado también concreto sin el cual no existiríamos. Tener esta conciencia de progresión nos arraiga fuertemente al presente y nos hace aceptarlo tal como es, aceptando consecuentemente el pasado que lo ha hecho posible. Solo tenemos un presente: el que estamos viviendo. Y sobre él sí que podemos incidir. Esto es la base de la libertad.

 Revista RE, Septiembre de 2017

Ámbito de Historia

 

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Ponencia presentado por Alfredo Rubio en las Xª Jornadas Interdisciplinares «Adolescentes de los 90. Abrir caminos a la paz», celebradas en diciembre de 1989 en Barcelona, organizadas por el Ámbito de Investigación y Difusión María Corral.

I.- Se ha dicho que filosofar es «algo» referente al ser y que la historia de la Filosofía es la historia de las distintas interpretaciones del ser.

Pues bien, el Realismo Existencial es, en este campo, también un esfuerzo del razonar. Esfuerzo que desea mantenerse, ante todo, dentro de las estrictas posibilidades de la misma razón. Es decir, sin recurrir ni invocar nada que pueda estar más allá de ella, como serían las creencias, fueran las que fueran.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Los jóvenes, la gente, cuando llegan a la Universidad son, en general, individuos con su personalidad ya muy estructurada. La Universidad, para que pueda dar lo que le es propio, parece que desearía que la formación recibida por sus nuevos alumnos se basara en la sorpresa de existir en medio del Universo.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

La conmemoración del V Centenario ha de ser una aportación a la paz. Este es nuestro único deseo. Ni caer en airadas reacciones ni en conmemoraciones vanas. O servimos a la paz y a la alegría de la convivencia de todos o se estaría pediendo el tiempo y energías.

Recordemos una vez más que ni nosotros ni nuestros contemporáneos de todos los países tenemos ni culpas ni glorias de lo acaecido en épocas pretéritas. Sencillamente porque no existíamos. Sí que hemos de estar muy atentos en no repetir hoy las injusticias que pudieron haber, así como también subsanar en todo lo posible las consecuencias negativas actuales de aquéllas. Liberados, pues, de absurdos prejuicios y rencores, colaboremos juntos, los de las dos orillas, para construir una sociedad mejor para todos.

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