Alfredo Rubio de Castarlenas

Quiso hablarme del primer punto de la Carta de la Paz. Era una persona muy competente. Claro, yo le escuché con mucha atención. Me dijo: «es evidente la “evidencia” que usted señala: los contemporáneos no somos responsables de lo malo (e incluso lo bueno) que ha acaecido en la Historia, por la sencilla razón de que nosotros, no existíamos. Pero, son realidades que, por su mismo brillo, con frecuencia hasta nos deslumbran y, por instinto y hasta por necesidad, cerramos los ojos a tanta luz. Nuestra inteligencia se maneja mejor a nivel de verdades, que no son exactamente lo mismo que las evidencias».

Publicado en Artículos

Unknown

Estamos en un mundo donde el concepto de la globalización se ha impuesto, generando nuevos modelos, modificaciones en los fundamentos culturales y sobre todo actitudes vitales distintas frente a los nuevos acontecimientos. Vivimos en un mundo donde los valores líquidos, la hiperconectividad y la incertidumbre son el paradigma que gobierna la manera de responder y actuar de las personas.

Publicado en Artículos

Alfredo Rubio de Castarlenas

Desde pequeños pensamos –nos han hecho pensar– que la muerte es algo extrínseco. Algo que algún día nos adviene y nos «asesina».

Algo que está simbolizado por un macabro esqueleto andante que empuña, aleve, una larga guadaña. Ya sabemos que esta representación es sólo una alegoría: que la muerte es un «enemigo» apocalíptico que, más bien invisible, se nos acerca como a traición para asestarnos su golpe mortal casi siempre atinado. Algunas veces –pocas– por habilidad nuestra o suerte, decimos de tal o cual lance que nos hemos «escapado» de la muerte. O sea que, a lo más, la vemos no como un mero símbolo, sino como algo que se ha «disfrazado» o «encarnado»: que se nos acerca con intención de toro acosante, en aquel camión que nos embiste o en aquella persona drogada que, navaja en mano, nos asalta al filo de la esquina para robarnos con impaciencia. En todos esos casos, la muerte, más o menos disimulada, siempre es llamada «la» muerte como si fuera, en efecto, un ente extrínseco, objetivo, dialéctico con «mi» vida. Un ente ajeno a mí y que –valga la paradoja– tiene vida propia por su cuenta. Pero como digo en el título de este artículo, la muerte no es «la» sino que la muerte somos nosotros.

Publicado en Artículos

Alfredo Rubio de Castarlenas

Con el problema vivo aún en Chiapas nos damos cuenta que hay hogueras que no se apagan, como un mensaje trágico que acompaña a la historia de la humanidad, en el que se refleja la violencia entre las personas y los grupos.

Sin embargo, frente a estas manifestaciones de comunicación distorsionada, destructiva y arcaica, en la que el lenguaje de la coacción y la fuerza de las armas sustituye al de la concordia, han existido y existen, personas y grupos que están dispuestos a defender los valores de una convivencia pacífica, creadora y cons-tructiva por abismales que sean las diferencias de la sociedad.

Publicado en Artículos

Alfredo Rubio de Castarlenas

Yo soy un ciudadano que soné gozosamente la bocina del coche que conducía, sumándome a tantos otros en toda la ciudad de Barcelona, aquel histórico mediodía del 17 de octubre en que fue designada nuestra capital para ser sede, en el 92, de los Juegos Olímpicos.

El deporte en limpia competitividad y en pleno vigor de la juventud, de hombres y mujeres, es un luminoso signo de la aceptación sin maniqueísmos de la globalidad de la persona humana –cuerpo, inteligencia y libertad–. Y puede ser un cauce ubérrimo para el mutuo conocimiento de los pueblos del mundo y de un futuro de mayor paz y fiesta.

Publicado en Artículos

Alfredo Rubio de Castarlenas

En los primeros capítulos de «II nome della rosa», de Humberto Eco, el protagonista, Guillermo de Baskerville, mantiene una interesante conversación con el monje vidriero de la abadía italiana que visitaba. Después de hablar de las sustancias antiguas para colorear el vidrio de los vitrales y de comentarios acerca de los espejuelos que Fray Guillermo usaba y custodiaba como un tesoro –o sea, aquellas incipientes gafas del siglo XIV–, cuenta a este sorprendido monje, Niccola da Marimondo, la noticia de otro sensacional invento: «Me han dicho que en Catay, un sabio ha mezclado un polvo que en contacto con el fuego, puede producir un gran estruendo y una gran llama, destruyendo todo lo que hay alrededor a muchas brazas de distancia»

Publicado en Artículos

Mi buen Martín Descalzo,
desde Roma a ahora
¡cuánta distancia andada,
cuánto Concilio!
pero el dolor de dentro
siempre lo mismo.
¡Cuánto me alegra que quedaras
de aquel verso tan-bien-herido!

Publicado en Poesía

Alfredo Rubio de Castarlenas

¡Cuántos miles y miles de años ha tenido que caminar la razón humana paraa que llegara a producir desde chispas con un pedernal hasta los modernos carburantes de las astronaves, a la energía atómica, la microelectrónica, a doblar los rayos de luz por fibras de cristal, a la ingeniería genética, la fotografía de átomos o perforar los espacios explorando las galaxias! Pero la razón, que es limitada porque es nuestra –como mi mano o mi oído– que como uno mismo es contingente, después de andar todo lo que puede con gozo y esfuerzo, se choca siempre con el misterio, más pronto o más tarde.

Publicado en Artículos

Alfredo Rubio de Castarlenas

La formación global de las personas desde el esquema realista existencial.

En las diversas «Cenas Hora...» en que se ha coloquiado sobre la Universidad y en muchos otros congresos, opiniones autorizadas anhelan una formación integral de las personas. Ofrecemos a continuación la comunicación presentada en las VI Jornadas Anuales Interdisciplinares «Pedagogía global de la familia: encrucijada 2000», celebradas en diciembre de 1985 en Barcelona (España),
organizadas por el Ámbito de Investigación y Difusión María Corral.

Publicado en Artículos

Alfredo Rubio de Castarlenas

Sr. Director:
El tema de la paz, dentro de las celebraciones del V centenario, tiene que ser nuestro único deseo. Ni caer en airadas reacciones ni en conmemoraciones vanas. O servimos a la paz y a la alegría de la convivencia de todos o se estaría perdiendo el tiempo y las energías.

Recordemos una vez más, que ni nosotros ni nuestros contemporáneos de todos los países no tenemos culpas ni glorias de lo acaecido en épocas pretéritas. Sencillamente porque no existíamos. Si que hemos de estar muy atentos en no repetir hoy las injusticias que pudieron haber, así como también subsanar en todo lo posible las consecuencias negativas actuales de aquellas. Liberados, pues, de absurdos prejuicios y rencores, colaboremos juntos los de las dos orillas del Atlántico para construir una sociedad mejor para todos.

Publicado en Artículos