Jordi Cussó Porredón

foto red

Se ha hablado mucho de las actitudes pacifistas fundamentales en la no-violencia. El hombre que ha caracterizado esta postura ha sido Ghandi y su lucha no violenta, en la India. Otros hombres y mujeres de nuestro siglo, con su testimonio, y a menudo entregando la propia vida, han sido referentes de esta actitud no violenta. El movimiento pacifista ha sido uno de los granes hallazgos del siglo pasado y es vigente, más que nunca, en los tiempos que estamos viviendo.

Parece que el pacifismo sea contrario a la violencia, que sean dos términos incompatibles. Pero me parece que tenemos que recuperar la palabra violencia, ya que no podremos alcanzar la paz sin una cierta violencia. Con la violencia pasa algo parecido que con los conflictos. Violencia significa fuerza, energía, e igual que el término conflicto, es una realidad neutra, ni mala ni buena, es necesaria para la vida de cada día. Hacemos violencia cuando tenemos que salir del bagón del metro, todo el mundo entra y se nos puede pasar la parada. Cuando los padres hacen presión insistente para encontrar un lugar en la escuela para su hijo, que realmente lo necesita. Cuando hacemos huelga de hambre o cuando hacemos una acampada delante de un estamento oficial para reclamar más justicia.

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David Martínez García

EDITORIAL ABRIL 2016 redLa velocidad con la que se producen los cambios, junto con la capacidad para poder compartir las experiencias a nivel planetario, está reduciendo de forma significativa el intervalo de tiempo que permite caracterizar a una nueva generación. Actualmente, una diferencia de entre 10 y 12 años entre dos personas, puede implicar cambios sustanciales en la manera de ver y entender el mundo. Asimismo, todos los cambios generacionales tienen una característica común, obligan a incorporar en el mapa de relaciones nuevas maneras de comunicarse y a hacer un esfuerzo de empatía para entender y ponerse en el lugar del otro; afectando, en definitiva, al diálogo intergeneracional.

La última generación categorizada es la que se denomina “Z” o “IGen”. Engloba a los jóvenes nacidos entre el 1995 y el 2010 que se caracterizan por haberse desarrollado en un hábitat plenamente internet. Ello los posiciona como individuos creativos, autodidactas y con una fuerte sobreexposición a la información.

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David Martínez García

2017 05 Maig redCada vez más voces están evaluando la posibilidad de implantar una renta básica universal. Es una asignación monetaria e incondicional que otorgaría el estado a todos sus habitantes, independientemente de cuáles pudieran ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien convivieran. A este concepto Alferdo Rubio de Castarlenas lo denominó en su momento “salario por existir”, es decir la percepción de una renta que recibiría el individuo por el simple hecho de haber nacido.

Se han realizado muchos debates que han puesto de manifiesto fuertes controversias respecto a la viabilidad de su implantación, considerándola en la mayoría de los casos una propuesta utópica y asociándola, principalmente, a una visión política de izquierdas.

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Josep M. Forcada Casanovas

2017 Gener redEl populismo no es un fenómeno nuevo, pero tal vez en el siglo que hemos dejado atrás y el actual se ha desarrollado con mayor claridad. Se habla mucho de ello. La definición de esta realidad es compleja. Podemos decir que es la expresión popular de un malestar social o político a partir de ingredientes demagógicos. Sus líderes son capaces de persuadir con grandes recursos psicológicos y hábilmente saben buscar aquellos temas que los ciudadanos sienten como una injusticia u otros temas que les gustaría que fueran tratados.

No es sólo una queja pública, bien orquestada, la que convoca a la ciudadanía a una respuesta. Acostumbra ser la voz de los que no tienen voz y que se aglutina para forzar cambios. Puede ser una realidad valorable de manera positiva, si se considera como un motor de cambio de status. Se ha de valorar cómo funcionan los populistas, es decir, el método que siguen, hacia dónde van –a parte de la mejora social– y dónde quieren llegar.

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Jaume Aymar Ragolta

2018 05 Juny redA menudo, ante una crisis política se reivindica el diálogo. Pero este tiene sus condiciones. En primer lugar, para dialogar hay que estar dispuesto a escuchar. Y escuchar es más que oír. Escuchar significa hacerse cargo de las razones de nuestro interlocutor y dejarnos interrogar por ellas.

El diálogo no es sólo de palabras. Dialogamos también con la mirada. El lingüista Sebastià Serrano recuerda que la palabra humana puede tener 100.000 años, pero una mirada tiene millones de años, está cargada de fuerza y de elocuencia. Dialogamos también con el tono de voz, con las manos, con la proximidad, con los gestos, con la ternura.  Del mismo modo que en la música, los silencios tienen incluso más valor que las palabras, también en el diálogo los silencios son elocuentes. En la civilización occidental solemos esperar siempre una respuesta inmediata. En otras civilizaciones no es así. A veces la respuesta se hace esperar unos minutos. Otras mucho más tiempo.  Decía Ignacio de Loyola que la palabra es de plata, pero el silencio es de oro.

Por otra parte, creemos que “hablando se entiende la gente” y es evidente que esto no es una verdad absoluta. Al menos no siempre es así. A veces confundimos el diálogo con una yuxtaposición de argumentos y olvidamos que una cosa es entender y otra más profunda es comprender. Cuando la gente se ama, se entiende y se comprende. Y toda persona es digna de amor por el solo hecho de existir.

El diálogo político, para ser auténtico, pide negociación y la negociación implica renuncia. Si nos hacemos cargo de estos parámetros, entonces el diálogo podrá ser de verdad fecundo.

Nuestros diálogos demandan un salto cualitativo. Si no son sólo caricaturas o puestas en escena vacuas.

 

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Jordi Cussó Porredón

EDITORIAL SETEMBRE 2016 02 red

Estos días en España, después de dos intentos fallidos, estamos esperando que los partidos políticos se pongan de acuerdo para formar gobierno. En el caso de que no lo logren, nos amenazan con la convocatoria de unas terceras elecciones. La amenaza de las elecciones lleva consigo el que los ciudadanos tendremos que soportar una nueva campaña electoral. No hay duda de que la democracia y su sistema de elecciones nos permiten cada 4 años dar o quitar la confianza a nuestros gobernantes, pero si abusamos del propio sistema la gente termina por cansarse y dejar de creer en la propia democracia.

Además, las últimas campañas electorales que hemos "sufrido", dejan mal sabor de boca. Por un lado se ha generado una cierta sensación de preocupación y tristeza y, por otro, de impotencia, pues la ciudadanía no termina de ver cuál puede ser la solución real a todo lo que está viviendo. Muchos gritos, descalificaciones, publicidades sensacionalistas..., pero pocos contenidos, que son los que realmente pueden ayudar a construir una sociedad más justa y en paz.

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Jordi Cussó Porredón 

EDITORIAL-JUNY-OKred

Hace tiempo que constatamos que nuestra sociedad vive instalada en una queja permanente. Podríamos hacer una extensa lista de las continuas quejas que escuchamos en las tertulias radiofónicas, en las cartas al director de los periódicos, en las conversaciones familiares o en la cafetería con los amigos.

Pero por otro lado, todos constatamos que esta actitud de quejarse no soluciona los problemas. Señalar los defectos personales y sociales y quedarnos en esta postura, sólo consolida la propia impotencia. Pero parece como si eso no importase en demasía, porque pasan los días y lo seguimos haciendo como si tal cosa. Si quejarse es una actitud estéril, que no ayuda a mejorar las cosas, ¿por qué nuestra sociedad sigue instalada en una crítica fácil y desmedida? Porque en el fondo nos damos cuenta de que si nos quejamos continuamente de los demás, no es necesario que revisemos lo que hacemos nosotros, porque con la queja tapamos aquellas realidades de nosotros mismos que no nos gustan.

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2018 02 Febrer redJosep M. Forcada Casanovas

Es abismal el cambio realizado en los medios de comunicación en los últimos cien años. Desde el pregonero que a voz en grito comunicaba las noticias publicadas en los ayuntamientos y en las iglesias, hasta un amplio recorrido de novedades técnicas: la prensa escrita, la radio, la televisión, etc. y ahora las redes sociales. Todos influyen en la opinión tanto en positivo como en negativo. Los medios clásicos han sufrido épocas de censura institucional por motivos políticos, religiosos o militares entre otros, en que el comunicador se debe al dueño del medio –público o privado– que tiene sus controles más o menos decisorios, para responder según la ideología que hay detrás.

Con los Colegios de Periodistas han aparecido los códigos de ética profesional que son profundamente útiles para responder a la veracidad de las noticias o pensamiento de quienes redactan artículos de opinión. Quizás el sector radiofónico y el de las tertulias son más difíciles de controlar. Cabe constatar que este género comunicativo es un potente reflejo de la diversidad de opiniones sobre un determinado tema. Estos son tratados por los llamados «expertos», a pesar de no ser expertos en todo.

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Leticia Soberón

personal 3285992 1920Aunque pueda sorprender, la inteligencia de los grupos no está garantizada por el coeficiente intelectual de cada individuo, aunque éste pueda llegar a ser, por supuesto, un factor muy aprovechable. La inteligencia de los grupos se basa sobre todo en sus dinámicas internas, en el modo como interactúan las personas.

De hecho, no es raro ver a personas muy inteligentes relacionándose con dinámicas tan tontas, que terminan actuando en contra de sus propias necesidades y objetivos comunes. ¡Y haciéndose daño a sí mismos! Esto se puede dar tanto en las familias, como en las instituciones (empresas, centros docentes, administración pública, asociaciones…) y, por supuesto, en la esfera política. Y también vemos a personas que quizá no sean tan brillantes, pero que con las dinámicas adecuadas, salen adelante y generan un beneficio para todos los que conforman ese grupo e incluso para la comunidad más amplia.

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Leticia Soberón Mainero

Escultura4

Durante estos primeros quince años del tercer milenio, la ciencia y la tecnología han dado saltos cualitativos en la información y posibilidad de intervención sobre el ser humano.

Aportan datos e instrumentos que permiten no sólo conocer, sino también modelar a voluntad algunos aspectos de su genética, la definición de su sexo y ciertas funciones cerebrales que marcan su memoria o sus estados de ánimo.

Sólo tres ejemplos. La descripción secuencial del genoma humano, completado en 2003, ha abierto nuevos caminos a la prevención y curación de enfermedades, aunque también pueda implicar la eugenesia o la clonación.

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