El gato llamado Brexit

Pauline Lodder

gato red

Terminé llamando a mi gato Brexit. Me despierta maullando de muerte porque quiere salir y en cuanto le abro la puerta, se queda en medio, indeciso y me mira mal cuando lo saco, así dijo Nathalie Loiseau, ex-ministra francesa de Asuntos Europeos.

Cuando los periodistas quisieron conocer al gato y publicar su foto, ella tuvo que excusarse, porque era una broma… ni siquiera tiene gato.

He convivido con un gato y conozco el fenómeno de la puerta abierta. Lo que no logro saber es si se trata de indecisión de parte del gato o de una forma sutil de poder. Sea lo que sea, el resultado es que los dos nos quedamos inmovilizadas, paralizadas.

Seguramente esta anécdota no tiene importancia, pero, sin embargo, abre un campo de reflexión.

Una de las bases de las democracias es el poder del pueblo: el pueblo decide…

Pero, ¿cómo tomar decisiones? Ya de por sí, casi todo es complejo y, para colmo, la información está intoxicada por los “fake news”.

Ante los múltiples procesos electorales, me pregunto: ¿cómo tomamos la decisión de votar este u otro candidato? Los estudios sobre los comportamientos de los votantes indican diferentes teorías: la teoría conductista, la teoría racional, la teoría cultural…

Y tradicionalmente se elaboró una manera de categorizar los votos: el voto duro, el voto blando, el voto opositor y los indecisos. Poco a poco se añadieron múltiples nuevas categorías: el voto de hambre, el voto del miedo, el voto útil, etc.

No se trata de explicar aquí todas estas teorías o categorías; se pueden buscar en Google o en otras fuentes de información.

Lo que me parece importante es no hacer como los gatos: ser indecisos o de manera deliberada paralizar las democracias.

No existen fórmulas perfectas para tomar las decisiones… Pero lo mínimo es dedicar un tiempo para informarse, para discernir, para dialogar con personas de confianza… y tener el valor de posicionarse.

Vale la pena ejercer nuestro derecho de decidir y no únicamente a nivel de estado, sino también a nivel asociativo, a nivel de familia o de grupos humanos… Y, sobre todo, no paralizar los procesos de decisión; evitar comportarnos como el imaginario gato Brexit.

 

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