Nuestra libertad

Cuando hablamos de nuestra libertad, estamos aterrizando un concepto teórico, en un marco personal, que responde frente a impactos concretos de la realidad individual. Por eso salir del marco teórico, y aterrizar en la condición humana particular, es un ejercicio de interpelación personal, que deberíamos ejercitar de vez en cuando.

Aterrizar la experiencia de cada uno de nosotros en el ejercicio de la libertad, es cuestionarnos cómo vivimos y experimentamos nuestra realidad, y cómo somos capaces de interrelacionarnos con nuestro entorno. Por lo tanto, en este mapa no existen esquemas flexibles o inflexibles, sino el aprendizaje de lo que somos y cómo somos capaces de expresarnos.

En las distintas definiciones de lo que es el ser humano, aparte de encontrar una gran variedad, podemos detectar que todas ellas tienen algunos elementos en común, como es la capacidad de pensar, amar, reflexionar, crear, interactuar…… todas ellas expresadas en modo verbal. El verbo es el motor dinamizador de toda frase construida. En este actuar, que expresa el verbo, es necesario una decisión previa y consciente, y esto, es lo que nos diferencia del resto de seres vivos.

Cuando hablamos de libertad asumimos nuestra condición humana, nuestro ser limitado y contingente, ya que tiene un inicio y un final. El misterio está en saber cuándo sobrevendrá este final. Sin el ejercicio de asumir nuestra finitud, estamos eliminando una parte esencial de nuestra libertad. No podemos entender nuestra libertad como algo absoluto, seguramente ninguno de los valores de la condición humana puede ser un absoluto, sin límites ni condiciones.

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Nuestra libertad nos da la capacidad de hacer posible realidades personales que son fruto de las decisiones tomadas. Por tanto, también capacidad de hacer y actuar.

Un aspecto relevante en el ejercicio de nuestra libertad, es la conciencia de que somos seres sociales. Vivimos rodeados de otras personas. Nuestro ejercicio de la libertad afecta e implica a otros seres. Con éstos tenemos distintos niveles relacionales y vínculos personales. De hecho la capacidad de relacionarnos con los demás, esta instrumentalizada a través de nuestra capacidad de amar al prójimo. Iremos dibujando el mapa de nuestras relaciones, con el despliegue de nuestra libertad.

Podríamos definirla como la capacidad que tenemos para decidir -asumiendo nuestra condición humana- y relacionándonos con otros. Dicho de otra forma, la capacidad de decidir asumiendo la realidad personal y amando.

La libertad está vinculada con nuestra capacidad de amar, y se desarrolla en tres círculos concéntricos: el primero con uno mismo, el segundo con todas aquellas personas que están cercanas a nosotros, y por el último con el mundo que nos rodea. Deberíamos recuperar una cierta afección de la libertad. Podríamos denominarla libertad ecológica, que debería reconciliarnos con nuestro mundo.

Mi capacidad de construir relaciones, desde la libertad, pasa por encontrar aquello que es común con el otro o con el entorno. En este aspecto, el existir es común a todos, independientemente de población, castas, estructuras sociales o cualquier otro parámetro que utilicemos en la agrupación de las personas. Todos tenemos la misma dignidad en el existir de cada ser. Tomar conciencia de nuestra hermandad existencial, nos hace iguales a todos nuestros coetáneos. Esto ha de llevarnos al ejercicio de nuestra libertad como la búsqueda del bien común.

Ignasi Batlle 
Publicado en la Revista RE

 

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