El hombre un ser dialogante

Alfredo Rubio de Castarlenas

Si un niño naciera en la selva, fuera abandonado y por azar creciera cuidado por los animales como nos cuenta Kiplin, devendría una fiera más. Los sicólogos añaden que a los siete años de edad, sería ya irrecuperable como persona humana.

Si un náufrago se salva y sobrevive solo en una isla inhabitada, su temple se sostendrá a base de los recuerdos y de su cultura. Gracias a ellos podrá dialogar, al menos, consigo mismo como un Robinson Crusoe.

El ser humano, en efecto, no es sólo un individuo. Por esencia es social. Dialogante de múltiples maneras. Desde llorando y escuchando una canción de cuna; oyendo y preguntando en los centros de enseñanza; proclamando que ama y es amado o emitiendo escuetamente un sí o no votando en las urnas. Sin diálogo no se puede ser un ser verdaderamente humano.

Por eso hay que cuidar esta joya, esta piedra preciosa de más valor que la pretendida piedra filosofal. ¡Que no se rompa, que no se empañe, que no la conviertan en pedrusco arrojadizo con la honda del odio y de la sinrazón!

Dialogar es fruto de la inteligencia. Hacerlo bien es cosa también del corazón.

Se puede -se debe muchas veces- dialogar de todo y aún discrepar. No hay peligro si ello se hace en la común palestra de la sinceridad.

En ella se intercambiarán generosamente las razones que tiene cada uno de los dialogantes para sostener sus respectivos puntos de vista. De este modo, conociéndolas todas todos, llegarán como por ensalmo a encontrar el acuerdo ya que les une, sinceramente, la misma ansia de la verdad real y el gozo de la coincidencia.

Entre puras ensoñaciones o meras ideologías, no cabe más que diálogos en el límite de lo absurdo. Con un realismo existencial, es como se disipan las sombras para que sea un encuentro sensato de las voces.

Saber dialogar es lo opuesto a encastillarse y encasillarse sin remedio.

Sólo dialogando con la mano tendida, la gente puede avanzar hacia la paz y la alegría del existir y de coexistir.

-¿Qué consejos, pues, qué directrices nos ofrecerán los ponentes de esta noche para conseguir que sepamos dialogar mejor, en nuestras sociedades concretas?

-¿Qué obstáculos, qué prejuicios hay que barrer primero?

-¿Cómo sabremos traducir nuestros pensamientos en palabras precisas, para que no demos pie a ambigüedades en su interpretación?

-¿Cómo usar la poesía para lo más inefable de nuestro razonar, sin que obscurezca lo entrevisto, sino que, por el contrario, lo ilumine aún más?

 

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